Llevaba horas escondido en una oscura habitación, sin noción del tiempo pasado, no era capaz de recordar cómo había llegado hasta allí, de hecho, en ese preciso momento, recordaba muy pocas cosas de lo que había pasado en las últimas horas. Permaneció agazapado mientras se recuperaba, lentamente, de la extraña situación de estar, absolutamente, perdido.
El silencio lo invadía todo y se percató de que hacía un buen rato que no escuchaba ningún ruido en el exterior. Quizás, fuese un buen momento para salir de su escondrijo. Echar un vistazo al exterior y saber, por fin, dónde demonios estaba.
Se incorporó torpemente, siendo consciente de la tremenda dificultad que tenía para coordinar sus movimientos. No era de extrañar, después de estar, casi inmóvil, durante un tiempo indeterminado. Sus pensamientos tampoco eran demasiado fluidos, pero qué mente, no se alteraría después de ver cómo en apenas 24 horas todo el mundo conocido se había venido abajo. Ni siquiera sabía si mujer estaba viva. Esperaba que hubiera podido esconderse como él.
Con cautela, salió de su escondite y lo que vio fue descorazonador. La ciudad entera parecía devastada, bastantes edificios estaban en llamas, muchos coches parecían atravesados en plena calle, el caos parecía dominarlo todo. Por las calles podían verse numerosos grupos de aquellos malditos seres que deambulaban sin rumbo fijo. En ese momento, vio cómo el movimiento, aparentemente, errático de los diferentes grupos, se organizaba. Todos empezaron a correr en la misma dirección. Se dirigían hacia un automóvil aparcado delante del Gran Teatro, más de treinta criaturas se abalanzaron sobre el vehículo, rompieron los cristales, el grito desgarrador de un niño pequeño se alzó por encima de los gruñidos hambrientos de aquellas bestias. Aprovechó que lo despedazaban y lo devoraban, para cruzar la calle y escapar a una zona más segura. Mientras huía, corriendo por calles desiertas, intentó sentir algo por lo que acababa de ver, pero fue incapaz de sentir lástima por el muchacho. Se justificó pensando en cómo la tragedia podía deshumanizar a uno hasta ese punto.
Durante un par de horas buscó un nuevo cobijo, hasta que llegó a las inmediaciones del Centro Comercial. Decidió entrar y buscar un nuevo escondite, pues su torpeza iba en aumento, sus piernas y su cerebro parecían desconectarse de forma alarmante y sus pensamientos eran cada vez más confusos. Necesitaba descansar con urgencia, estaba exhausto y tal y como estaba el mundo, no podía permitirse el lujo de cometer un error. Finalmente, entró en el Centro Comercial y encontró un sitio perfecto para pasar la noche. Se acurrucó en una de las esquinas y se quedó dormido al instante.
Despertó para darse cuenta de que su estado había empeorado. Sus músculos, excesivamente rígidos, reducían de forma notable su movilidad. Anhelaba una buena cama donde dormir, un lugar seguro y cálido, sentir a su lado el cuerpo caliente de su esposa. Sin poder evitarlo, empezó a llorar recordando una vida que sólo unas horas antes, parecía de cuento de hadas. Para empeorar la situación, su cabeza tampoco estaba mucho mejor. Después del ataque de frustración, quedó en estado semicatatónico. Durante un tiempo excesivo su cabeza se quedó vacía. No era capaz de concentrarse en sus pensamientos, que parecían arrastrarse, las palabras inconexas que surgían de su mente sonaban más como un gruñido que como algo humano.
Intentó recomponerse física y moralmente para afrontar con garantías una nueva salida al exterior. Puso un oído en la puerta y la abrió con cuidado. Después de una mirad furtiva, salió de su cubículo y deambuló por el Centro Comercial. Su primer impulso de supervivencia fue intentar llevar unos cuantos víveres a su refugio seguro pero, después de pasear por las estanterías del Supermercado y a pesar de llevar un día sin comer, decidió no recoger nada, no se sentía hambriento ni sediento y toda aquella comida le provocaba un malestar físico incomprensible. Algo parecía haber cambiado en su cuerpo y en su mente, pero no era de extrañar, cuando uno es el protagonista del Apocalipsis. Así que decidió cambiar sus planes de buscar comida, por intentar buscar a otras personas. Sentía la imperiosa necesidad del contacto con otras personas, necesitaba recuperar su propia Humanidad.
Se acercaba una nueva noche y regresó a su escondite. Su rigidez corporal, lejos de atenuarse, iba en aumento. Percibía sus movimientos más descoordinados, su mente estaba cada vez más lenta, con pensamientos inconexos que era incapaz de interpretar. Al llegar al refugio, intentó hacer balance del día. Fue consciente de que tenía enormes lagunas y que un par de veces se encontró perdido en un lugar al que no sabía cómo había llegado. Eso le preocupaba. Cabía la posibilidad de que, en uno de esos lapsus, fuese atacado por las criaturas. Mientras cavilaba sobre eso, se quedó dormido.
El despertar a un nuevo día, trajo más malas noticias. Durante los primeros minutos de vigilia, estuvo intentando recordar dónde estaba y quién era. Era incapaz de hilar sus pensamientos complejos, parecía que su mente racional se había volatilizado, apenas podía pensar con claridad. Casi como un animal y olvidando las mínimas precauciones salió de nuevo al Centro Comercial. Siguiendo un instinto, se dirigió hasta la sección del supermercado y notó que tenía un apetito voraz. Comenzó a comer compulsivamente varias tabletas de chocolate pero, su desagradable sabor, le provocó unas arcadas imparables. Vomitó, chocolate y sangre mancharon sus zapatos andrajosos. Al agacharse de nuevo, ante la fuerza de otra arcada, vio su rostro reflejado en el pulido suelo del supermercado y, horrorizado, vio su rostro demacrado. Era posible que llevara muchos más días de los que pensaba, huyendo de aquellas bestias. El golpe de realidad, hundió su moral. Decidió volver al refugio y descansar. Al doblar la esquina, vio a un grupo de aquellas criaturas moviéndose lentamente. Al momento su mente se paralizó, un terror sobrenatural se adueñó de él. Venían hacia él, lo habían visto, estaba perdido, jamás volvería a ver a … Su mente adormecida, reaccionó, tiiiiraaaateeee aaal suuuueeeelooooo, noooooo teeee muuueeeevaaass. Así lo hizo, se acurrucó en una esquina y esperó. El grupo pasó a su lado indiferente. Un grito de júbilo salió de su mente. Lo había conseguido, su táctica había funcionado. La próxima vez, quizás no tuviese tanta suerte, debería ser más precavido.
Así pasaron los días, todos iguales, todos indistinguibles uno de otro. Sin contacto con ninguna otra persona y con su mente cada vez peor. Su capacidad de hablar, había quedado reducida a simples gruñidos. Casi no recordaba nada de su vida anterior, el rostro de su mujer apenas era un garabato en su enloquecida mente.
Cada vez había menos de aquellos seres, quizás aún quedasen esperanzas para la Humanidad. Un día, empezó a oír un ruido sordo que venía del cielo. A lo mejor era uno de aquellos aparatos que volaba. También le pareció oír el ruido de camiones. Su mente pareció activarse un poco, aquellos sonidos le traían recuerdos casi olvidados, podían ser la Esperanza de recuperar su vida. Salió de su escondite y al final del pasillo un escuadrón del ejército estaba acabando con los pocos bichos que quedaban. Definitivamente, lo peor había pasado.
Empezó a agitar los brazos, lanzó un grito de júbilo y se puso a correr lo más rápido que podía. Un par de soldados lo vieron. Percibió una sonrisa en el rostro de ambos. Agitó los brazos en señal de alegría y un gruñido de felicidad salió de su garganta. El soldado más joven le hizo una señal a su superior, levantó el arma y le descerrajó un tiro en toda la cabeza.
Su cuerpo se paró en seco, se elevó en el aire y cayó como un peso muerto. Su mente enferma fue incapaz de entender nada. Su último pensamiento se fue hacia una mujer de la que ya no recordaba ni su nombre. Lo último que escuchó, mientras su mente se apagaba y una lágrima resbalaba por su cara putrefacta, fue la voz metálica del soldado…todo despejado, hemos liquidado al último de estos cabrones, Centro Comercial limpio…
Cambiando de casa:
Los tiempos están cambiando:
Primero como tragedia, después como farsa de Žižek:
Paisajes digitales urbanos:
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