si me miro no me veo,
solo en la noche cuántica,
un autorretrato desde el espacio interior.
Galería fotográfica
La pena de muerte nunca puede ser justicia, es una forma legal (en algunos países) de venganza, un plato demasiado frío y deshumanizado que seguro que no reconforta.
Una de las cosas que siempre me ha angustiado de la pena de muerte es pensar en la persona que espera sentencia. Años, meses o días sabiendo cuando será tu muerte. Son los únicos seres humanos que saben exactamente cuando se va a producir el tránsito entre ser materia viviente y simple materia orgánica sin vida. Los últimos momentos me los imagino terribles, aunque muchos aprovechaban para pedir una última cena, algo que en la paleta Texas consideraron demasiado para un reo y la han suprimido.
La siguiente foto me resultó impactante, el último pitillo de un condenado en Kuwait. Me lo imagino aspirando con fuerza y lentitud, intentando atrapar la vida que resta en cada bocanada, sabiendo que una bocanada más es, en realidad, una bocanada menos. Un momento de tranquilidad, antes de notar la rugosa soga al cuello, antes de notar como el suelo desaparece y la vida se escapa con el crujido de tu propio cuello.
