Las enseñanzas de los babuinos
Veíamos ayer cómo los babuinos eran una especie modelo para el estudio del estrés en los seres humanos. Hoy veremos, cómo un evento puntual, puede cambiar la historia de una manada y qué lecciones podemos sacar nosotros.
Es habitual describir a la especie humana como un animal agresivo por naturaleza, que llevamos, como decía la canción, la violencia a flor de piel. Del mismo modo, los babuinos y sus complejas relaciones sociales hacen que la agresividad dentro de la manada sea un comportamiento habitual. Pero, en 1990 Robert Sapolsky observó como un hecho puntual desbarató por completo las apreciaciones realizadas sobre la agresividad de la especie.
A principios de los 80, la manada que Sapolsky llevaba años estudiando sufrió un gravísimo percance. La manada se acercó hasta un basurero de un compeljo turístico y encontró gran cantidad de alimento de fácil consumo. Como veíamos ayer, el líder y sus ayudantes, son los primeros en alimentarse y después lo hacen el resto de individuos de la manada. Los problemas empezaron al poco tiempo, pues la carne consumida estaba contaminada con el bacilo de la tuberculosis y muchos animales de la manada empezaron a sufrir fatales problemas de salud, como consecuencia todos los machos murieron. Roberet Sapolsky estaba viendo cómo el trabajo de muchos años podía perderse, por culpa de esta contingencia. Sin embargo, gracias a este singular evento, sucedió que los babuinos situados en la base de la escala social, tuvieron, de forma inesperada, la oportunidad de convertirse en líderes de la manada. Estos monos siempre habiann estado sometidos al poder de los líderes y su tendencia, era la de ser menos agresivos, más cooperativos. De pronto, la manada se encontró con una proporción de hembras elevada y unos machos líderes menos agresivos. Las consecuencias sociales fueron impresionantes, se redujeron de forma notable los ataques y descendió la agresividad con los machos y las hembras inferiores. No sólo eso, otros comportamientos de tipo social, como el cepillado o compartir lugar, se incrementaron notablemente, dándose incluso entre machos, algo no observado en babuinos hasta la fecha. En palabras del propio Sapolsky: “Aquel desastre demográfico, a veces llamado cuello de botella por los biólogos evolutivos, había provocado un cambio en la manada que ningún experto hubiera podido pronosticar“. Pero el futuro, todavía deparaba más sorpresas. En condiciones normales, las hembras pasan toda la vida en la misma manada, mientras que los machos la abandonan cuando alcanzan la pubertad. Por lo tanto, las hembras adultas son nacidas en el grupo, pero en los machos hay un reemplazamiento a lo largo de los años. A mediados de los años 90, ya no quedaba ninguno de aquellos machos supervivientes de la tuberculosis, todos los machos habían llegado después del suceso y sorpresivamente siguieron manteniendo una conducta única de no agresión. Pasados veinte años, en el grupo se mantiene esa conducta, que no comparten con ningún otro grupo de babuinos conocido: “definida por antropólogos y etólogos, la cultura consiste en variaciones locales del comportamiento, que ocurren sin motivos genéticos o ecológicos y que perviven en el tiempo, más allá de los miembros que los originaron; el comportamiento de los babuinos de no agresión y elevada cooperación es nada más y nada menos que una cultura benigna multigeneracional“.
Si los extremadamente agresivos babuinos son capaces de crear una cultura de no violencia, rompiendo los prejuicios establecidos y las previsiones, a ¿qué espera el ser humano para dar el paso decisivo de construir una sociedad basada en la no violencia y el entendimiento mutuo?
+ info en el interesantísimo (y difícil de encontrar) artículo de Robert Sapolsky titulado: A natural history of peace [PDF; 2,07MB; EN.
Esta información y otras investigaciones del doctor Sapolsky aparecen en el muy recomedable video del National Geographic, Stress: portrait of a killer (Estrés, retrato de un asesino).
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Autor: Lughnasad




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