El último pitillo, el último de verdad

La pena de muerte nunca puede ser justicia, es una forma legal (en algunos países) de venganza, un plato demasiado frío y deshumanizado que seguro que no reconforta.
Una de las cosas que siempre me ha angustiado de la pena de muerte es pensar en la persona que espera sentencia. Años, meses o días sabiendo cuando será tu muerte. Son los únicos seres humanos que saben exactamente cuando se va a producir el tránsito entre ser materia viviente y simple materia orgánica sin vida. Los últimos momentos me los imagino terribles, aunque muchos aprovechaban para pedir una última cena, algo que en la paleta Texas consideraron demasiado para un reo y la han suprimido.

La siguiente foto me resultó impactante, el último pitillo de un condenado en Kuwait. Me lo imagino aspirando con fuerza y lentitud, intentando atrapar la vida que resta en cada bocanada, sabiendo que una bocanada más es, en realidad, una bocanada menos. Un momento de tranquilidad, antes de notar la rugosa soga al cuello, antes de notar como el suelo desaparece y la vida se escapa con el crujido de tu propio cuello.



La foto es de Yasser Al-Zayyat y en Fuera de foco: Así ejecuta Kuwait del diario Público, puedes más fotos de este reportaje.

Teletiendadiario

Hace tiempo que los medios de comunicación ya no venden información, lo de pretender informar es cosa del pasado. Ahora venden. Yogures bífidus y coches que te cagas, que el intestino, con el estrés de la crisis, está sufriendo mucho.

En un telediario de hoy, 15 segundos dedicados a la muerte del grandérrimo José Luis Sampedro. Unos dos minutos a otra grande, Sara Montiel, con entrevistas, declaraciones y demás. Para acabar, el telediario acaba con la noticia impresionante de que en un pueblo andaluz van a prohibir jugar al dominó en las terrazas de los bares porque se hace mucho ruido y molesta…Noticia de alcance mundial y que sin duda cambiará el curso de la historia de la Humanidad. Después bífidus y coches.

Descerebrados y descorazonados

La gente huye. Huye de un país anestesiado, narcotizado, paralizado, moribundo. Un país que, como tantas otras veces en la historia, ha estado a punto de dar un salto hacia adelante. Perdón, rectifico. En esta ocasión, hemos dado un paso hacia adelante, hacia el precipicio. Vamos en caída libre. Cada día nos recorre un escándalo, un nuevo recorte. Recortes donde más daño hacen en sanidad y, sobretodo, en educación, algo de lo que precisamente no vamos sobrados.
La fuga de cerebros nos deja descerebrados y no es la primera vez que ocurre. Un tío mío, ganadero de vocación y apegado al terruño toda su vida, me lo repite muchas veces. La Guerra Civil en Galicia fue terrible, por la gente que murió, muchos de ellos intelectuales de izquierdas (perdón por el pleonasmo), comprometidos. Pero mucho peor fue la gente que se fue de aquel páramo. Mi tío siempre me lo repite, se fueron los mejores, los más válidos. Los que podían sacar al país adelante, ni querían, ni les dejaban. En el rural sólo quedaron los atemorizados, los serviles, los que no tenían iniciativas. Ese atraso se sigue padeciendo hoy en día, la fuga de cerebros ha costado una centuria.
Ahora estamos sufriendo una segunda huída. Después de que el estado haya gastado millones de euros en becas, en formación, en preparar a la generación mejor preparada, ahora los largamos, los tiramos a los leones. Por mi trabajo, conozco el tema. En los dos últimos meses se han ido dos personas. No hay dinero, ni proyectos. No los hay, ni se les espera. Ambos han tenido que marcharse. Después de hacer una carrera, sacar un doctorado, un par de años de estancia en el extranjero, un par de años como profesor en Alemania, en Suecia. Ahora, contra su voluntad, tiene que irse a buscar, otra vez, un sitio donde pueda realizar su tarea docente e investigadora. Portugal, les ha abierto las puertas. Sí, Portugal. Portugal ha fichado a dos cerebros.

Para explicarlo bien hay que hacer el único símil que se entiende bien en este país, que presume de marca España, cuando la única marca, es que el Marca es el diario más leído. Para explicar esto hay que recurrir al fútbol, porque siendo el único país del mundo que utiliza, como sistema métrico decimal el campo de fútbol, sólo el deporte rey nos permite hacer una explicación que todo el mundo entiende.
Imaginemos al Real Madrid o al Barça. Se gastan miles de euros para entrenar chavales (uno más que otro, o mejor). Se traen chavales de otros países, para fidelizarlos. Se gastan dinero en su educación, en su formación. Imaginaros a Messi. Imaginaros a Messi hace dos o tres años, cuando empezaba a deslumbrar. Imaginaros que ese mismo año, lo ficha el Madrid. Imaginaros el mismo caso a la inversa. La sangre llegaría al río. La sangre llegaría hasta la mismísima desembocadura. El mar rojo. El mar muerto.
Lo mismo pasa con esa gente. Los hemos formado, para que ahora acaben dando lo mejor de sí mismos en Portugal, pero nadie se rasgará las vestiduras.

Otros muchos ya lo han hecho antes. Mucho antes de que haya empezado esta maldita estafa, muchos han salido por la puerta de atrás de este país. A buscarse la vida por otros lares. El otro día durante un concierto de Os Minhotos, uno del grupo preguntaba quién no tenía unos amigos fuera, emigrados, no pudiendo disfrutar de su compañía, perdiéndonos, posiblemente, los mejores años de nuestra vida.
Al final, salimos perdiendo todos.
A todos los descerebrados y descorazonados os dedico esta entrada, con amor.

Os dejo con un momento de ese mismo concierto, un momento para soñar, hagámoslo.


Os minhotos, “E momento de sonhar”, vídeo subido por cousasdelugo11

Volveremos a ser proletarios

Volveremos a ser proletarios no es una arenga política. No es un llamamiento a la clase trabajadora para que reflexione sobre su condición. No es una proclama pasada de moda, para agitar conciencias anquilosadas en un pasado ¿glorioso? No es el último grito desesperado de un sindicalismo anclado en tiempos lejanos y añejos, que sigue cantando de forma agónica una Internacional, más viva y necesaria que nunca.

Volveremos a ser proletarios no es, ni siquiera, un síntoma de la crisis, ni los primeros indicios de un capitalismo que se autofagocita, que se ahoga en sus propios excrementos.

Volveremos a ser proletarios es la realidad. La realidad presente y futura. La clase trabajadora, es decir, casi todos, volveremos a ser valiosos para el sistema por el simple hecho de ser proletarios. Recuperaremos la misma condición que tenían los proletarii, cuya única función era aportar individuos (hijos) a la máquina de guerra del Imperio Romano.
En los nuevos tiempos, los nuevos proletarios aportarán su prole al nuevo sistema, mano de obra barata, carnaza que alimente las putrefactas entrañas del nuevo régimen.

Volveremos a ser proletarios.

Cortinas de humo

Contaba Barry Levinson en la fallida, pero interesante, película La Cortina de humo como un presidente de los Estados Unidos, pillado en una situación incómoda justo antes de la reelección, se inventaba un conflicto bélico en el culo del mundo y una imagen que se clavara en la retina de los estadounidenses. En este caso, el culo del mundo era Albania y la imagen una pobre albanesa con su lindo gatito. Para montar el megafake se contrata a un grupo de productores, directores y actores y actrices de Hollywood para que recreen un conflicto ficticio que desvíe la atención del pueblo americano y que este olvide el asunto lo antes posible.
Como siempre la realidad supera la ficción y hoy en día, en la que los políticos cuentan con asesores de imagen, expertos en marketing, sociólogos y demás parafernalia, las cortinas de humo se usan con frecuencia.
Con demasiada frecuencia.
Sólo así se puede entender que el maleducado Ministro de Educación la cague día sí, día también. Sólo como cortinas de humo que nublan la vista e incendian las redes sociales, se pueden entender frases como la de españolizar a los catalanes (en la misma semana que se aprueba de tapadillo la cadena perpetua o la penas de prisión por convocar manifestaciones) o decir que los padres convocan una huelga antisistema propia de la izquierda radical (en la misma semana que comienza el juicio del Prestige o que se convoca una huelga de tres días en la enseñanza).

También es interesante observar el comportamiento del Honorable President, con una gestión más que discutible y que saca adelante los últimos presupuestos gracias al apoyo del mismísimo demonio, es decir, el Partido Popular de Cataluña. Hace un año, el Parlament catalán estuvo sitiado. Un año después, Artur Mas saca su máquina de fabricar humo, se inventa un referéndum y todo queda oscurecido. Ya no se habla de recortes, de despidos, de una sanidad tocada, de una educación hundida. Sólo se habla de humo.

Mientras las redes sociales y los periódicos nos distraen con el humo, en otro lado se hace la auténtica política.