Inicié este apasionante viaje como empiezan los cuentos: Érase una vez en la India… que un joven llegaba a la capital gritando Salaam Bombay. Disfrutando de las callejas estrechas y de las gentes amables. Después tomé el tren de Bombay a Bangkok, pero una vez allí, noté el peligro por todas partes. No era nada raro encontrar la Muerte en Bangkok, pues en cualquier esquina podías toparte con peligrosas pandillas practicando Kárate a muerte en Bangkok, así en plena calle. No tardé en irme. El siguiente punto obligado de mi destino viajero fue Japón. Llevaba años planeando la visita y la cosa no pudo empezar mejor. Nada más bajar del avión, nos estaba esperando el Gran Hombre del Japón. Fueron sólo unos segundos, pero impresiona verlo de cerca, por desgracia salió pitando detrás de Godzilla y no lo volví a ver. Salí del aeropuerto y grité, triunfal, por fin: Tokyo! ¡Qué belleza! Inmediatamente y para no perderme compré A map of sound of Tokyo y lo visité todo. Los sonidos Bajo los cerezos en flor, los de Las Casas de Geishas, los del Monte Fuji, en fin, una maravilla. Después, visité una isla. Una isla desierta que tenía muy poco que ver. Unas cuevas y poco más, pero aproveché para mandar a mis amigos unas Cartas desde Iwojima y comprar como recuerdo unos Cuentos de Tokyo. Casi al final del viaje, me enamoré de una bellísima japonesa. Hiroshi, se llamaba. Con lágrimas en los ojos me despedí de ella, susurrándole al oído Hiroshima, mon amour.
De Asia, decide viajar a La Otra América, la del Sur. Llegué a Brazil, en concreto, a la Estación Central y el cambio no podía ser más brutal. ¡Dios mío! ¡Qué mujeres! Mujeres de cine. En seguida, me olvidé de Hiroshi, y cómo no, tuve un pequeño escarceo amoroso en Río, lo que se llama un Lío en Río. De Brasil, partí con tres amigos hacia Cuba. Al llegar a la capital, ya nos llamaban Cuarteto de La Habana, por que nos conocían en todos los locales. Una gozada, excepto por la pérdida de todo mi equipaje, Cosas que dejé en La Habana.
De Cuba, pasé a EEUU y ahí el cuento de este viaje cambió radicalmente. De hecho, lo lícito, sería empezar casi un nuevo cuento, así empezaría el relato por tierras norteamericanas…
…Érase una vez en América, una tierra donde es imposible vivir. Fuera a donde fuera, siempre me encontraba lo mismo: violencia, asesinatos, brutalidad. Hum, veo que no me creéis. Os contaré con detalle todo lo ocurrido. Mientras estuve allí, surgió un escándalo mayúsculo, un grave problema de Corrupción en Miami, uno de ellos, un tal Enron, había estafado a América, decían. Eso provocó La Ola de violencia más grave que se recuerda y se cometieron un gran número de tropelías, todas a la vez: El estrangulador de Boston mató a un montón de gente, unos Locos en Alabama vertieron toneladas de Sal gorda y el estado dejó de ser Sweet Home Alabama. Se encontró Un Vampiro suelto en Brooklin y Lobos de Washington campaban a sus anchas por la ciudad, sembrando el pánico. El Hombre de Kentucky, medio loco, cometió Un Misterioso asesinato en Manhattan y hasta llovieron Balas sobre Broadway. Las Historias de Filadelfia, no me atrevo a contarlas, por que el día que sucedieron hasta sentí Miedo y asco en Las Vegas, así que paso, no las cuento y ya está. Pero sin duda, lo peor de todo, fue La Matanza de Texas, fue horrible. Con este escenario descubrí que hay un montón de Cosas que hacer en Denver cuando está muerto, no me extraña, si todo el país era un caos.
Así que, visto lo visto, intenté huir a toda prisa. Me dirigí hacia la costa este y por fin llegué al aeropuerto aeropuerto de New York, New York. Por fin. Por fin. Me volvía a Europa, Europa.
El avión llegó puntual. Eran 12:08 Al este de Bucarest cuando aterrizamos. Y como todo el mundo sabe que Berlín está en Alemania (Y Munich, no te jode, dice una voz en off) me fui directo a París, París. Es una ciudad preciosa. Llena de romanticismo, de bellas postales. Si será bonita, que se rumorea, aunque no sé si es cierto, que hasta Jefferson estuvo en París. En fin, que al despedirme de El Hombre de la Torre Eiffel sólo pude gimotear entre sollozos Paris je’taime. La verdad, que enamoradizo soy.
De París regresé de nuevo a España. Qué gusto ver de nuevo la amabilidad y los bigotones de los picoletos en la aduana. El viaje tocaba a su fin, aunque aún tuve un par de historias curiosas, una de ellas, fue que encontré cerca de El Pilar, un papelote tirado en el suelo. Todo arrugado, que no valía para nada. Lo dejé en objetos perdidos. Pero al final el papelote era la leche y salí en los periódicos y todo. El Manuscrito encontrado en Zaragoza es de vital importancia, decían. No sé, a mi no me pareció para tanto. Allí cogí el Oviedo Expréss y de vuelta hacia Galicia. Siguiendo el Camino de Santiago por fin llegué, agotado, al final del trayecto, nada más y nada menos que aEl fin del mundo: Fisterra, Finisterre.
Cambiando de casa:
Los tiempos están cambiando:
Primero como tragedia, después como farsa de Žižek:
Paisajes digitales urbanos:
Star, star, star: