Revoluciones digitales
En los últimos años hemos visto cómo, de forma, a veces lenta y serena, y otras rauda y avasalladora, el mundo digital ha invadido nuestra cultura popular. El ocio actual, muy semejante al de hace 40 años, ahora se consume de una forma absolutamente distinta.
Uno de esos primeros pasos hacia lo digital lo dio la música, cuando a finales de los años 80 se empezaron a vender de forma masiva los primeros Discos Compactos. Entonces comencé una batalla, perdida de antemano, ahora lo sé, con aquel engendro del diablo que iba a acabar con mi querida colección de vinilos. Durante los primeros años luché con todas mis fuerzas para combatir al invasor: que si no suena tan bien como el vinilo, que suena un poco “metálico”, que si se pierde la belleza de las portadas, que si los chasquidos le dan un aire a ¡auténtico!… en fin una serie de argumentos, que pasados los años, sonrojan al que escribe estas palabras. Recuerdo el momento exacto en el que claudiqué y firmé mi rendición sin condiciones: cambié el LP del concierto de Loquillo y Los Trogloditas con carpeta doble, por el compacto del mismo concierto. A partir de ese momento, vencido y humillado grité: el vinilo ha muerto, VIVA el vinilo.
La segunda revolución digital de la música, el mp3, no me ha pillado desprevenido y me he tirado a sus brazos sin dudarlo ni un segundo, así somos los humanos.
La segunda revolución digital la sufrió el cine y la irrupción del DVD. Personalmente, me parece una revolución un poco descafeinada. Ambos sistemas, el analógico y el digital, han convivido sin conflictos, debido a que durante años el único medio para grabar fue el video. Esto provocó que ambos aparatos convivieran en perfecta armonía debajo de nuestros televisores, sin tensiones evidentes entre las maltrechas cintas de VHS y los plateados DVDs. Mi primer y único video VHS soportó mi fiebre grabadora la friolera de 20 años y no lo hubiera jubilado de no ser por el espasmo mortal que le dio el año pasado. Todos los intentos por reanimarlo fueron infructuosos, al final entre sollozos, grité maldiciendo: el video ha muerto, VIVA el video.
La tercera revolución digital que me he vivido fue la que más me tocó las narices: la fotografía digital. Yo era un fotógrafo de pro, malo, pero de pro. Tenía mi réflex, con mi batería de objetivos intercambiables: un tele, mi añorado gran angular, otro tele, un objetivo estándar…Hacía mis fotografías en blanco y negro, sí, ya sé que suena friki, ahora, en el siglo XXI, pero me pasaba mis horas en el cuarto oscuro, y que nadie piense mal. Hasta que, de pronto, irrumpe una nueva tecnología, que desde una posición prepotente y sin tener en cuenta el pasado glorioso de los plateados fotogramas, intenta arrasar, menospreciar y avasallar este formato. En los primeros años de implantación me provocaba risa floja aquellos tipos, que sin tener ni la más remota idea de fotografía te repasaban por delante de tus narices, su flamante cámara digital de 1.2 megapíxeles. Además, creyéndose los reyes de la luz, te obligaban a soportar estoicamente el visionado de unas fotos, casi siempre mal encuadradas, con unas composiciones horribles y con exposiciones al filo de lo aceptable. En aquellos tiempos, sabiendo que tenía la razón de mi parte, empecé otra lucha, pero en este caso más que contra la tecnología, contra los tecnólogos que abrazaban la nueva herejía. Sin embargo, en esta ocasión, la lucha no fue encarnizada y no fue necesario firmar ninguna rendición, el armisticio llegó en cuanto las cámaras digitales ofrecieron una calidad mínima comparable al original analógico. En estos momentos, y con una cámara réflex en permanente estado de shock es posible, que en breve grite con añoranza: los fotogramas han muerto, VIVAN los fotogramas.
En la pequeña aldea de irreductibles analógicos que intentan resistir ahora y siempre al invasor digital, sólo nos quedan los amados libros, de momento, de papel, pero de ese tema hablaré mañana, y no lo digo en sentido figurado.
Actualización: 10/9/2088
Esta entrada está relacionada con El fin del libro
General
Autor: Lughnasad
Septiembre 9th, 2008 at 21:51
Y les quedan dos telediarios… mal que nos pese.
Septiembre 10th, 2008 at 11:50
Es la gloria y la miseria de los tiempos que nos ha tocado vivir. Tecnológicamente sufriremos revolución tras revolución a una velocidad no vista antes.