Willi y su inseparable amiga Maya, están aterrados, y no es para menos.

Antecedentes
Desde que Fray Rosendo Salvado introdujese la planta en Galicia en 1860, la masa arbórea de las zonas costeras gallegas ha sido colonizada de forma masiva por un invasor procedente de Oceanía. Pero fue, cómo no, el franquismo, el gran impulsor de la plantaciones masivas de eucaliptos en las zonas costeras de Galicia, la cornisa Cantábrica y el suroeste andaluz. Estas zonas son como pequeñas sucursales australianas, sólo nos faltan los canguros (¿o no?. Además de esa llegada irregular de canguros, era cuestión de tiempo que llegase también una de sus principales plagas, un pequeño gorgojo, Gonipterus scutellatus, que se alimenta de los brotes tiernos y que con los predadores alejados en las antípodas, campa a sus anchas en los ¿montes? gallegos. Una de las soluciones para hacer frente a esta plaga vino desde la industria química. La empresa alemana BASF comercializa uno de los venenos más utilizados para combatir al insecto, el flufenoxurón, un principio con nombre que asusta, pero que se comercializa con el más amigable de Cascade. Por suerte, existe la posibilidad de aplicar la lucha biológica, pues el gorgojo, en su estado natural, es decir, Australia, tiene un parásito, la avispa Anaphes nitens, que controla de algún modo las poblaciones de dicho gorgojo y que ha sido probado con éxito. Esta lucha biológica fue la apuesta que se hizo en 2010 desde la propia Xunta de Galicia.

Sin embargo, en los últimos tiempos las cosas parecen haber cambiado y de forma radical.
Por un lado, la Unión europea no permite que el flufenoxurón se pueda seguir empleando para el control de insectos. Según la UE, el compuesto es bioacumulable en la cadena alimentaria, tiene un elevado riesgo toxicológico para los organismos acuáticos y evidentemente ataca a otros insectos, entre ellos, a la avispa parasitaria encargada de controlar las poblaciones y, por supuesto, a las abejas.
Por otro lado, ASPAPEL, la Asociación Española de Fabricantes de Pasta, Papel y Cartón, promueve y pide los permisos necesarios para realizar una fumigación masiva con Cascade en numerosas áreas de Galicia para intentar erradicar la plaga.
Además, la Xunta de Galicia, abandona el plan de lucha biológica para permitir la fumigación de miles de hectáreas negando la toxicidad de un producto que será retirado este mismo año, precisamente por eso, por ser tóxico.
Para rematar el despropósito, la propia UE prohíbe desde 2011 las fumigaciones aéreas (excepto en casos excepcionales), precisamente el método elegido por ASPAPEL y permitido por la XUNTA.
Queda claro que en todo esto hay intereses ocultos. Por una lado BASF, eliminará los stocks de Cascade que ya no puede vender, aplicándolos en la República Bananera de Galicia, una forma muy rentable de quitarse un problema de encima. ASPAPEL va a ahorrar un montón de dinero saltándose una normativa europea. Las empresas de fumigación aérea se frotan las manos porque ya pensaban que no podrían trabajar. Y ¿la Xunta?, ¿qué saca en limpio la Xunta?
Menos mal que la respuesta ciudadana ha estado a la altura y la plataforma contra la fumigación entregó ayer lunes casi 100.000 firmas en contra de estas acciones, esperemos que el sentido común se imponga y las abejas, otros insectos y los propios habitantes de las zonas afectadas pueden estar tranquilos.