La historia del perdedor de Triste Tigre no tiene mucho que contar.
Domingo por la tarde en una desierta cafetería de un hotel de una pequeña localidad. Al fondo, una puerta abierta, una salita y una ventana. En eso, a contraluz, veo como un extraño ser llega a la sala. Tiene una cabeza enorme y ¡se la quita! Durante un segundo no acepto lo que veo…hasta que me doy cuenta de que es un disfraz. El tipo se sienta en un banco, agacha la cabeza, se le ve realmente cansado. La imagen es potente (a ver cuando implantan una cámara en el cerebro).
En ese mismo momento sale una niña con un vestido de primera comunión tan anti-primera comunión, que el comentario fue: joder, las primeras comuniones de ahora son como pequeñas bodas…Detrás sale el padre, colorado como un tomate y un poco bebido. La sensación de decadencia fue absoluta.
El resto ya lo conocéis, hilar las tres situaciones en un relato triste y deprimente como una tarde de domingo con primera comunión de regalo.
A mí ya sabes que me gustan estas cosas de saber de dónde vienen (o creemos que nos vienen algunas veces) estas cosas…