Correr una maratón es una hazaña propia de héroe. Y no es una metáfora. Gracias a la heroicidad de Filípides (sea cierta o no) de recorrer unos 40 kilómetros que separaban el campo de batalla de Maratón hasta Atenas, la ciudad se enteró de la victoria conseguida contra los persas. Esta hazaña es el origen de la carrera denominada maratón y que cubre una distancia de 42 kilómetros y 195 metros que, en realidad, es la distancia entre Windsor y el estadio White City en Londres.
Otra versión, cuenta que Filípides en realidad lo que hizo fue correr desde Maratón hasta Esparta para pedir ayuda para luchar contra los persas. Según cuenta Herodoto, Filípides corrió las distancia de ida y vuelta desde Maratón a Esparta en dos días. Nada más y nada menos que 240 kilómetros en dos días. En realidad, lo que había “inventado” Filípides era algo más extremo que la mítica carrera, los llamados ultramaratones, carreras que cubren distancias mayores que los heroicos 42 kilómetros.
Dentro del espectáculo de los ultramaratones destaca una tribu de indios mexicanos, los rarámuri, nombre que, según algunos historiadores, significa “los de los pies ligeros”, lo cual nos da una idea de la capacidad de estos indígenas.
En los años 90, algunos rarámuri comenzaron a participar en algunos ultramaratones de EEUU, en muchos casos, por simple comida. Durante varias ediciones los rarámuri consiguieron grandes éxitos en esas carreras hasta que dejaron de invitarlos. Las causas no eran deportivas, los atletas mexicanos daban un espectáculo impresionante, pero aparecían vestidos con una túnica, un taparrabos y como zapatillas deportivas unas sandalias de caucho de neumático obtenido de algún vertedero cercano. Aparte de ser una afrenta para el excesivamente profesionalizado deporte occidental, era una afrenta para las marcas que venden tecnología punta para los corredores. Un indígena medio desnudo con neumáticos en los pies no vende el producto, por lo tanto no interesa.
Al final lo realmente importante es saber vender un producto, dar un imagen que se pueda vender, por encima de la calidad, lo superficial vence a lo profundo.
Por cierto, sabéis que gritó Filípides al llegar a Atenas para anunciar la victoria: ¡NIKÉ!
La historia me la regaló Luis (aka Iamato) a través de este interesante artículo: Los mejores corredores del ultratrail del mundo están siendo vencidos por el hambre publicado ende la revista Desnivel.
Es que a ver si se van a enterar los modernos que salen a correr con tantos accesorios de marca que lo único que se necesita en realidad son ganas…sería un desastre.
1besico!
Estoy de acuerdo fiona, lo importante son las ganas, no los accesorios, pero el que esté libre de pecado que tire la primera piedra…Quien no se ha gastado un pastizal en una nueva actividad que…nunca lleva a cabo, ja, ja.
cierto, yo no levanto el pubis porque tampoco estoy libre de pecado :-/
interesante post e interesante link que te ha llevado a escribirlo… ahora, mi miedo es: la solidaridad acabará ayudando o, excuse me, jodiendo? al final les veo corriendo con unas Niké, vaya…
El tema de la solidaridad bien o mal entendida daba para un amplio debate. Aunque ese es un pueblo duro y orgulloso, quien te dice que no acabarán como dices…
Por cierto, un gustazo volver a “verte” por aquí…eres como el Guadiana.