Por increíble que parezca al tratarse de una historia de criaturas zampahumanos, Cinco minutos del Apocalipsis, está basado en hechos reales.
Ese que está ahí, con su camisa manchada de tierra, con su azadón desgastado por el uso, es el mismo que escribe esto. Y en esa situación estaba, cuando oí a los perros del relato. Los oí a mis espaldas, un poco extrañado porque hacían un ruido bastante raro, era como si estuviesen aterrados, eran muchos y todos habían empezado a ladrar a la vez.
Mientras me giraba, me dije: al darme la vuelta y mirar hacia el pinar, los voy a ver corriendo hacia mí (a las criaturas que provocaron semejante caos en los pobres perros). Toda la vida esperando el apocalipsis y ya está aquí y no voy a tener ni la más mínima oportunidad.
Evidentemente, me giré y no había nada, pero la sensación se quedó ahí unos días.
Un día se lo comenté a un amigo que estaba en casa. Los dos en la huerta. Y me dice: “yo sabría qué hacer“. Pero como pasa en tantas ocasiones, la conversación derivó rápidamente a otros temas. Pero me quedé con la frase: “yo sabría qué hacer”. Eso es lo que pensaba el protagonista. Obsesionado toda su vida, paralizado por un miedo injustificado.
No estoy muy orgulloso del relato, pero llevaba demasiado tiempo intentado salir y estaba bloqueando otras ideas, así que lo mejor es sacarlo, compartirlo y dejar que otros relatos tengan su oportunidad.