Volveremos a ser proletarios no es una arenga política. No es un llamamiento a la clase trabajadora para que reflexione sobre su condición. No es una proclama pasada de moda, para agitar conciencias anquilosadas en un pasado ¿glorioso? No es el último grito desesperado de un sindicalismo anclado en tiempos lejanos y añejos, que sigue cantando de forma agónica una Internacional, más viva y necesaria que nunca.

Volveremos a ser proletarios no es, ni siquiera, un síntoma de la crisis, ni los primeros indicios de un capitalismo que se autofagocita, que se ahoga en sus propios excrementos.

Volveremos a ser proletarios es la realidad. La realidad presente y futura. La clase trabajadora, es decir, casi todos, volveremos a ser valiosos para el sistema por el simple hecho de ser proletarios. Recuperaremos la misma condición que tenían los proletarii, cuya única función era aportar individuos (hijos) a la máquina de guerra del Imperio Romano.
En los nuevos tiempos, los nuevos proletarios aportarán su prole al nuevo sistema, mano de obra barata, carnaza que alimente las putrefactas entrañas del nuevo régimen.

Volveremos a ser proletarios.