En la vida de una persona hay películas que marcan un antes y un después. Películas que nos abren un mundo nuevo de posibilidades, que nos revuelven el interior, que nos hacen ver y afrontar la vida de otra manera. La mayoría de las personas que conozco y que les gusta el cine, se irán de cabeza a citar alguna de esas películas que están en la cabeza de todos. Que si Ciudadano Kane me enseñó a amar el cine, que si Bergman es la hostia en vinagre, que si el cine surcoreano, que si una peli chipriota del 66 sirvió de base a Tarantino…Memeces gafapasteras o gafapastiles.
Yo también he cometido ese pecado venial de intentar sorprender a mis amigos viendo cine checo en versión original (sin subtítulos, of course), alabar alguna plomiza cinta iraní donde se pasan subiendo una colina los 235 minutos de interminable metraje, sentir el estimulante hormigueo en las pelotas cuando puntúas en IMDB una película con menos de cinco votos o notar esa exultante erección cuando ninguna de tus almas gemelas en Filmaffinity ha visto esa película que acabas de puntuar con un 10 como una casa.
Eso es todo fachada.
Y estoy más que harto y no puedo seguir soportándolo. Así que hoy es un buen día para salir del armario cinéfilo y confesar en público que Ciudadano Kane es un peñazo y la película que realmente me hizo amar el cine, fue Yo hice a Roque III del gran e injustamente infravalorado Mariano Ozores.

Me estoy imaginando la carcajada de algunos y la sonrisilla de triunfo de otros. Podéis meteros vuestra superioridad cinéfila por ese sitio parecido a la bandera de Japón. Después de que os cuenta la verdadera historia de esta obra maestra del cine patrio y mundial, muchos, acabaréis dándome la razón.

A principios de los 70, Ozores tuvo la original idea de hacer una película de un héroe anónimo ambientada en el mundo del boxeo. En aquellos momentos, Ozores era muy amigo del púgil hispanocubano José Legrá, que fue el que le animó a adaptar su vida a la gran pantalla. Sin embargo, el inicio del rodaje de A mí las mujeres ni fu, ni fa, hizo que el proyecto quedase guardado en un cajón, aunque no durante mucho tiempo. Ozores atravesaba un período creativo sin parangón en el cine mundial y en 1971 fue capaz de hacer cuatro magníficas películas: la citada de las mujeres, Si Fulano fuese mengano, En la red de la canción y La graduada.
Mientras pergeñaba la Graduada, Ozores tuvo que ir a Estados Unidos, en concreto, fue a la meca del cine. Ozores fue a Jolybud para convencer a Lina Morgan para que aceptase el papel de protagonista. Debido a su fiebre creativa, Ozores aprovechó el viaje y siguió trabajando sin cesar. Esta incesante actividad le llevó a trabajar para la Italian Stallion Productions. Aunque no aparece acreditado, Ozores fue el responsable de la segunda unidad y participó activamente en el guión de The party at Kitty and Stud’s. Allí conoció al personaje que cambiaría su vida: un joven italoamericano, apuesto y con ganas de comerse el mundo; un personaje que sólo unos años después sería una estrella mundial: Sylvester Stallone.
Su encuentro con Stallone fue una especie de flechazo. Ozores, que apenas hablaba inglés, congenió de inmediato con aquel muchacho callado, que apenas articulaba palabra debido a su parálisis facial. No necesitaban palabras, el arte es un idioma universal. Ozores le habló de su proyecto de hacer una película sobre boxeo, Stallone escuchaba sin, aparentemente, entender nada. Sin embargo, podemos ver la influencia de esas palabras en el trailer de The party at Kitty and Stud’s. Las imágenes de Stallone en el parque nevado son una clara influencia ozoriana.



Lina Morgan decidió participar en la película y Ozores regresó a la Patria para rodar La Graduada. Su siguiente meta era acabar de escribir el guión de Roque, pero el destino quiso que se cruzase el guionista Vicente Coello, hermano del escritor Paulo Coelho, y acabó rodando Manolo, la nuit. Una película menor en la obra del director que estaba obsesionado con la historia del boxeador.
Ozores contactó con Andrés Pajares y le ofreció el papel protagonista. Pajares, un actor del método, puso una serie de condiciones: ir a Estados Unidos para empaparse de la cultura pugilística del país, el carnet de socio del Mighty Mick’s Boxing para entrenar durante unos meses y un par de calzoncillos limpios, marca Abanderado.
En esta nueva estancia americana, Ozores vuelve a encontrarse con Stallone, ahora en el paro. El trío Ozores, Stallone, Pajares se hizo muy conocido en la noche angelina, por sus descomunales borracheras y sus juergas en las que no faltaban vino con gaseosa ni los famosos polvorones de la vega. Como reconoce el propio Stallone en su biografía, aquellos polvorones le ayudaron a vocalizar y relanzaron su carrera con actor.

Ozores y Stallone se volvieron íntimos, hasta el punto de que Ozores le dejó leer el guión completo de Roque a Stallone. La historia de un perdedor que por su hijo es capaz de hacer cualquier cosa, impresionó a Stallone. Así como los matices y la humanidad que Ozores fue capaz de insuflar al protagonista, dejaron al italoamericano fascinado. Stallone intentó por todos los medios hacerse con el papel, pero Ozores, un caballero, no quería dejar a Pajares en la estacada. La negativa de Ozores, provocó que en primera instancia, Stallone intentase acabar con la vida de Pajares y en segunda instancia provocó un distanciamiento entre los dos que procovó una ruptura inevitable. Ozores y Stallone no volvieron a verse nunca más.

Stallone intentó copiar la genial idea de Ozores y se puso a escribir un guión similar. Sin embargo, la falta de talento del americano, le hizo un paupérrimo favor a la historia original, que perdió frescura y humanidad y ese toque tan ozoriano de tragedia y comicidad que lo han convertido en uno de los grandes directores del cine mundial. El resto ya lo conocéis, la película de Stallone se llamó Rocky (una pésima adaptación del ilustre nombre español) y fue un fracaso de crítica y un éxito de público, lo que demuestra la inexistente valía de la burda copia.
Desde aquel momento, Ozores tuvo muy complicado el rodaje de Roque. Fue acusado de plagio por el propio Stallone; el guión fue secuestrado por la empresa de polvorones de la vega por impago; Pajares y Esteso fueron detenidos en un local de alterne, vestidos de flamencas…
Pero el genio creativo de Ozores no se arredó y fue capaz de sobreponerse a todos los contratiempos y filmó una de las grandes obras de todos los tiempos.
Un simple vistazo a la sinopsis deja claro la grandeza de una obra incomprendida en su tiempo, tanto por la crítica, como por el público, lo cual sólo puede significar que estamos ante una obra de culto, de obligada visión.

Sinopsis:
“Roque Tercero González es un gorrón que vive en casa de su amigo Federico, famoso ex-jockey de carreras que ahora está en horas bajas tras haber engordado. Federico no puede quitarse de encima a Roque, ya que éste le recuerda constantemente que, cuando tenían siete años, le salvó la vida. El caso es que Federico asiste a un gimnasio con la esperanza de volver a adelgazar lo suficiente como para volver a cabalgar, y allí se entera de que Kid Botija, el campeón de España de los pesos welter, necesita poner en juego su título para poder optar al campeonato de Europa de boxeo. Pero claro está, nadie quiere recibir una paliza del campeón, a pesar de la bolsa que ofrece su preparador. Entre Paco, el dueño del gimnasio, y Federico, consiguen liar a Roque que, engañado, acepta pelear con el campeón”.

Como muestra de su influencia en el cine universal, hay que destacar que el gran director mexicano Benito Alazraki hizo un remake en el año 1993.

Para finalizar una escena en la que se puede apreciar la afilada sátira política, el mordaz ingenio humorístico, la inteligencia supina en los diálogos y la maestría en la dirección de actores, en definitiva, una muestra de la genialidad del director en un momento cumbre de su carrera.