Os voy a contar una historia.

Érase una vez un país gobernado por unos dictadores que no respetaban los derechos más elementales. Era un país caribeño y decían que comunista que es algo así como decir que era de noche y sin embargo llovía. En ese país había dos castas, solamente dos clases sociales, por eso era comunista. Los que pertenecían al partido y los que no.
Nuestro “héroe” es de los que pertenecen al partido, de ahí que vaya entrecomillado, si fuese de la otra casta, sería un héroe a secas, sin artificios ni grandilocuentes comillas.
Nuestro “héroe”, sale del país con el beneplácito del régimen. Avión en primera clase, sonrisas efusivas de las azafatas, descafeinado y rosquillas, periódico y mantita. Hotel cinco estrellas en el centro de Madrid. Y una agenda llena de citas. Y una agenda llena de contactos. Y una agenda apretada por los cordones del partido.

Nuestro “héroe” recoge en la recepción del Hotel las llaves del cochazo alquilado. Tiene cita con dos importantes personajes de la oposición y se ofrece a hacerles de chófer mientras recorren la ciudad y hablan de los nuevos vientos políticos. Los vientos arrecian y nuestro “héroe”, un bisoño conductor acostumbrado a los haigas caribeños, es incapaz de controlar la potencia desbocada de 400 caballos. Ya se sabe, la potencia sin control…Se dan la gran hostia, como ironizaba al día siguiente ese periódico de analfabetos funcionales.
Dos muertos y la oposición española, descabezada. Tampoco se ha perdido mucho. El PSOE aprovecha para hacer un Congreso federal.

Hay un juicio y queda demostrado que nuestro “héroe” ha cometido una serie de errores mortales y mortíferos. Es condenado. Por suerte, para él, su gobierno caribeño y comunista, pide por motivos humanitarios (serán los únicos de ese año) la repatriación del “héroe”. Como no podía ser de otra manera, es recibido como un ídem y para cumplir el paripé, esa noche duerme en la cárcel. La cena consiste en un menú pantagruélico, acorde con su hazaña: caviar, espumas y no sé cuántas deconstrucciones suministradas por Ferrovial, un importante aliado del régimen. Tampoco duerme solo, la celda es fría y el calor de la humana, reconforta.

Al día siguiente se preparan los papeles. El periódico y la televisión (sí, en singular) ensalza la figura del “héroe” con unas pinceladas de su amplia trayectoria, se destaca su humanidad, su hazaña. Al día siguiente es liberado.

España pone el grito en el cielo, pero dios no está para tonterías. España pone el grito en la ONU, pero Obama no está para tontadas. España se queja amargamente y sólo le queda el derecho a pataleta. El presidente haciendo uso de su refinada y contrastada retórica aúlla: eso no pasaría en un país serio; eso sólo puede pasar en un país tercermundista que no respeta las leyes internacionales; eso sólo puede pasar en un país comunista y dictatorial…la marca españa se desvanece como gotas en un charco (pútrido).