Ayer fui al cine a ver la «reposición» de Argo, se me había escapado la primera vez y aproveché esta segunda oportunidad para verla. Soy de los que defiende el hecho de ir al cine y disfrutar en pantalla grande de una película, porque la sala grande y oscura es el hábitat natural del cine.

Sin embargo, ayer tuve una desagradable sorpresa.
En los Cines Centro de Lugo, que son los que mejor oferta cinematográfica ofrecen en la ciudad, aprovecho el descuento que ofrece la tarjeta de unos conocidos supermercados. Enseñándola puedes pasar pagando como si fuese día del espectador. Al ir a sacar mi entrada, veo un cartel en el que ponía algo así como que Warner Bros, de manera unilateral, no acepta ningún tipo de descuento para ver sus películas. Se acabó el descuento para Warner Bros.
Pido mi entrada, saco mi tarjeta y me dice el tipo: «lo siento», señala el cartel con la cabeza, «es de Warner Bros. No puedo hacerte el descuento».
Por circunstancias personales que no vienen a cuento, acepté la imposición de la distribuidora. Pagué.
Pero dentro del cine y pensándolo un poco, llegué a la conclusión de que si esas son las condiciones, a mi no me gustan. Si lo que queremos es fomentar la asistencia al cine, ese tipo de campañas, consiguen todo lo contrario.
Así que, Fuck you, Warner Bros, me sobran películas que ver en el cine y las vuestras las veré en casa, porque me sobran mulas y torrentes para conseguirlas.