El germen de La última mirada estuvo en el documental La maleta mexicana, recomendado en Zentolos hace un tiempo, pero podría haber surgido viendo cualquier otro documental sobre los años de la Guerra Civil, de la Segunda Guerra Mundial o de una época similar. Siempre que veo esos documentales pienso en las personas que se ven en ellos, cómo habrán sido sus vidas. Muchos de ellos seguramente murieron en la contienda, otros habrán pasado penurias…Muchos habrán sobrevivido, ¿qué piensan cuando ven esas imágenes que, para ellos, son auténticos recuerdos? ¿Y si, por sorpresa, se reconocen en una de esas fotografías? ¿O si reconocen a alguien?

Ese fue el germen, me imaginé a un señor anciano que viendo ese documental, reconoce a una persona que, en principio, no debería estar allí. El primer impulso, fue que vería a un nazi de un campo de concentración, pero esa era una idea muy trillada y la deseché enseguida. Al momento, surgió la imagen de una mujer, morena, guapísima, con una mirada profunda. ¿Os imagináis que en un vagón hacia un campo de concentración vieseis a alguien como Liz Taylor, con aquella mirada suya? Seguro que esa mirada os perseguiría el resto de vuestros días. Ahí estaba la historia.
Si algo así pudiese pasar, la emoción de creer ver a esa mujer sería demasiado fuerte para un corazón viejo y cansado. El resto son adornos que, como siempre me pasa, surgen en el mismo momento de la escritura. Imágenes que se cuelan en el proceso que, casi siempre, se produce de un tirón. La idea central tarda, como en este caso, meses, pero el proceso de escribirlo es inmediato.

Añadido el 5/3/2013
Es extraño, pero se me olvidó comentar que otra fuente de inspiración fue este Ir es venir, posiblemente lo mejor escrito en Zentolos (curiosamente a los pocos meses de vida), y alguna conversación en la vida real con el mismo autor de esas palabras. Conversación que podríamos resumir en ¿cuándo está realmente muerto uno? ¿cuánto tiempo siguen las neuronas trabajando a pesar de estar realmente muerto?