La gente huye. Huye de un país anestesiado, narcotizado, paralizado, moribundo. Un país que, como tantas otras veces en la historia, ha estado a punto de dar un salto hacia adelante. Perdón, rectifico. En esta ocasión, hemos dado un paso hacia adelante, hacia el precipicio. Vamos en caída libre. Cada día nos recorre un escándalo, un nuevo recorte. Recortes donde más daño hacen en sanidad y, sobretodo, en educación, algo de lo que precisamente no vamos sobrados.
La fuga de cerebros nos deja descerebrados y no es la primera vez que ocurre. Un tío mío, ganadero de vocación y apegado al terruño toda su vida, me lo repite muchas veces. La Guerra Civil en Galicia fue terrible, por la gente que murió, muchos de ellos intelectuales de izquierdas (perdón por el pleonasmo), comprometidos. Pero mucho peor fue la gente que se fue de aquel páramo. Mi tío siempre me lo repite, se fueron los mejores, los más válidos. Los que podían sacar al país adelante, ni querían, ni les dejaban. En el rural sólo quedaron los atemorizados, los serviles, los que no tenían iniciativas. Ese atraso se sigue padeciendo hoy en día, la fuga de cerebros ha costado una centuria.
Ahora estamos sufriendo una segunda huída. Después de que el estado haya gastado millones de euros en becas, en formación, en preparar a la generación mejor preparada, ahora los largamos, los tiramos a los leones. Por mi trabajo, conozco el tema. En los dos últimos meses se han ido dos personas. No hay dinero, ni proyectos. No los hay, ni se les espera. Ambos han tenido que marcharse. Después de hacer una carrera, sacar un doctorado, un par de años de estancia en el extranjero, un par de años como profesor en Alemania, en Suecia. Ahora, contra su voluntad, tiene que irse a buscar, otra vez, un sitio donde pueda realizar su tarea docente e investigadora. Portugal, les ha abierto las puertas. Sí, Portugal. Portugal ha fichado a dos cerebros.

Para explicarlo bien hay que hacer el único símil que se entiende bien en este país, que presume de marca España, cuando la única marca, es que el Marca es el diario más leído. Para explicar esto hay que recurrir al fútbol, porque siendo el único país del mundo que utiliza, como sistema métrico decimal el campo de fútbol, sólo el deporte rey nos permite hacer una explicación que todo el mundo entiende.
Imaginemos al Real Madrid o al Barça. Se gastan miles de euros para entrenar chavales (uno más que otro, o mejor). Se traen chavales de otros países, para fidelizarlos. Se gastan dinero en su educación, en su formación. Imaginaros a Messi. Imaginaros a Messi hace dos o tres años, cuando empezaba a deslumbrar. Imaginaros que ese mismo año, lo ficha el Madrid. Imaginaros el mismo caso a la inversa. La sangre llegaría al río. La sangre llegaría hasta la mismísima desembocadura. El mar rojo. El mar muerto.
Lo mismo pasa con esa gente. Los hemos formado, para que ahora acaben dando lo mejor de sí mismos en Portugal, pero nadie se rasgará las vestiduras.

Otros muchos ya lo han hecho antes. Mucho antes de que haya empezado esta maldita estafa, muchos han salido por la puerta de atrás de este país. A buscarse la vida por otros lares. El otro día durante un concierto de Os Minhotos, uno del grupo preguntaba quién no tenía unos amigos fuera, emigrados, no pudiendo disfrutar de su compañía, perdiéndonos, posiblemente, los mejores años de nuestra vida.
Al final, salimos perdiendo todos.
A todos los descerebrados y descorazonados os dedico esta entrada, con amor.

Os dejo con un momento de ese mismo concierto, un momento para soñar, hagámoslo.


Os minhotos, “E momento de sonhar”, vídeo subido por cousasdelugo11