¿Hay alguien ahí? es otro de esos relatos sobre la Soledad y surgió de forma bastante tonta y casual.

Una familiar bastante friki, me mandó un enlace a una especie de chat con una supuesta máquina, que debería dictaminar si yo era humano o una máquina como ella. La verdad es que me sorprendió bastante. La máquina es capaz de dar contestaciones bastante creíbles en una conversación, digamos, normal. Pero, de pronto, se me ocurrió plantearle un escenario diferente, para ver cómo “reaccionaba”. Así que le planteé un escenario de apocalipsis, un mundo deshecho. Si fuese humano, me mandaría a tomar fanta, pero la máquina intentó seguir el juego y fracasó. Muchas veces contestaba cosas fuera de lugar. Entonces empecé a “cabrearla” y decirle que una máquina no entendería mi soledad, que si era un robot, etc. Y ahí me sorprendió, cuando me preguntó ¿no serás tú el robot?
Ahí prendió la chispa definitiva. El escenario ya lo tenía, un hombre solo, abatido, cercano a la locura, encuentra respuesta a su pregunta: ¿hay alguien ahí?
Pasar el test de Turing cuando estás buscando ayuda, puede ser la gota que colme, defitivamente, un vaso demasiado lleno.
Lo mejor vino una vez escrito y publicado. Siempre que escribo un relato, se lo enseño a la señora Zentola, es la única manera de “obligarla” a pasar por aquí. No es demasiado crítica, casi siempre me dice que están bien. Este, acabó de leerlo y me suelta: “Está bien pero, no he entendido nada“.