Todo empezó cuando se apuntó a aquel curso de nuevas tecnologías y redes sociales.
La euforia que últimamente movía sus actos provocaba que actuase impulsivamente, algo que le agradaba muchísimo, él que siempre había sido la esencia pura de la indecisión.
Inmerso en ese ciclo eufórico, tenía la necesidad imperiosa de relacionarse con los demás, él que siempre había sido un tipo retraído y tímido, la red la daba la oportunidad de ser otra persona, de reinventarse.

Descubrir internet le pareció la cosa más maravillosa que le había pasado nunca. Bueno, casi. Lo más maravilloso había sido aquel beso…
El BESO.
El único que le dieron en su vida.
Alicia, de 6ºA, estaba sentada en las escaleras, con su faldita a cuadros. Estaba esperando a su hermano pequeño, sentada al lado del despacho del Padre Andrés. Se acercó y se sentó a su lado. Ella lo miró cómo nunca nadie lo había mirado. Embriagado por aquellos profundos ojos, las hormonas, la visión de aquellas piernas sedosas. Se acercó a ella y le plantó un beso en la mejilla. Ella se giró, con la boca entreabierta y le dio un cálido y húmedo beso en la boca…
El Padre Andrés.
El grito del Padre Andrés rasgó el espacio-tiempo, destrozando la magia que se podía palpar en el ambiente. Alicia también se puso a berrear, creo que asustada por el grito del Padre Andrés. Los tres acaban gritando a pleno pulmón.
El BESO.
Aquello lo cambió todo para siempre. Nada volvió a ser lo mismo. Nadie volvió a besarme así, recuerda.
A los pocos días abandonó el colegio. Perdió a sus amigos. A todos. Nunca más volvió a ver a Alicia, de 6ºA.

Las redes sociales lo engancharon desde el primer momento. No entendía aquella exposición pública y sin control, pero él se sentía como el privilegiado visitante del mayor zoo del mundo. Se creó varios perfiles distintos, cada uno con sus aficiones, sus gustos, sus diferentes formas de hablar. Como un taxidermista, diseccionaba a sus nuevos amigos, intentando comprender sus motivaciones, sus anhelos.
Se pasaba horas y horas delante del ordenador. Se conectaba a escondidas. Hasta altas horas de la madrugada. Hasta que un día encontró aquel grupo: “Yo también fui a los Padres Escolares de Lugo”.

El pasado le golpeó con una fuerza para la que no estaba preparado. Los Padres Escolares de Lugo. Apagó el ordenador a las bravas. Temblaba. El pasado, de golpe, tan presente. Sus amigos. Los amigos que no veía desde hacía años.
Alicia.
Alicia de 6ºA.
Con la mano aún temblando, volvió a encender el ordenador.
Pantallazo negro de inicio.
Enter.
Abrir el facebook.
“Yo también fui a los Padres Escolares de Lugo”
Había cientos de fotos.
El colegio en 1932, con su nombre cambiado por lo de la República.
La Ronda de la Muralla, con el colegio al fondo. Amenazante.
La clase de 4ºB de 1968, aún en blanco y negro. Todos niños. Un tal Julián, ponía nombre y apellidos a aquellos desconocidos. El mismo Julián anunciaba que a Pepe, el segundo por la derecha, se lo había llevado un cáncer, hacía ahora un año.

1983.
La clase de 6ºA. Una foto desenfocada. Niños y niñas ordenados en sus pupitres. Bajo la atenta mirada del Padre Andrés. El corazón le empezó a latir con mucha fuerza. Allí estaba Vilanova, con sus gafitas y el pelo aplastado. Núñez, con su sempiterno chándal verde. Nerea, la empollona.
Siguió con la mirada aquellos pupitres.
Alicia.
Alicia de 6ºA.
Estaba guapísima, tal como la recordaba. Con sus coletas. Con sus ojos negros.
Siguió mirando. Buscándose. Encontró a su compañero de pupitre, Alonso, un tipo mezquino. Olía mal. Cierra los ojos y casi puede olerlo. Incluso ahora. Años después.
Al lado de Alonso, un hueco. Una mesa vacía. Su mesa. Vacía.
Quizás hicieron la foto después de haberse ido. Después de El Beso.

1982.
La clase de 5ºA. Un aula parecida. Con niños, sentados. Parecidos.
Repasó rápido aquellas caras. Vilanova, Núñez. Pablito, con su flequillo imposible. Había sido uno de sus mejores amigos.
Alicia.
Alicia de 6ªA. Para él, siempre sería Alicia de 6ºA.
Buscó de nuevo su propia cara, en aquella especie de máquina del tiempo.
Alonso y la mesa de al lado vacía. Su mesa.
Hizo memoria y creyó recordar que en quinto había estado una temporada enfermo.
Quizás hicieron la foto cuando él estaba ausente.

1981.
La clase de 4ºA. Todos en el patio. Colocados en dos filas. Los altos detrás, los bajitos delante.
Nervioso, comienza a ver una cara tras otra: Pedro, Quique, Vilanova, Dani, Nerea…
La fila de abajo.
Alonso, Pablito, Núñez…Alicia de 6ºA…
Fue incapaz de reconocerse en ninguno de aquellos niños, empezaba a estar realmente asustado…

La puerta se abre de golpe y la enfermera entra en su habitación. Arrastra un carrito blanco, lleno de frascos y pastillas.
Le saluda con una gran sonrisa en la cara y le tiende un vasito de agua y una bandeja con dos pastillas azules y dos blancas.
Se las mete en la boca y da un trago de agua.
Ella le vuelve a sonreír. Se da media vuelta y cierra la puerta.
Abre el cajón de su escritorio y un centenar de pastillas azules y blancas corretean por el cajón vacío.
Coge de nuevo el vasito de agua y se traga las pastillas.
Sabiéndose derrotado, su pasado se esfuma. Susurra, gracias Alicia.