Espero que en esta vida nunca me suceda nada raro del estilo, cruce de cables y locura cometida, porque este blog iba a ser las delicias de los contertulios y de los “entendidos” que pululan por esos programas de pornografía sentimental en los que se “analizan” todo tipo de crímenes y despropósitos. Sin duda, sacarían un “perfil” ideal del perfecto psicópata/sociópata y se preguntarían cómo era posible que un ser de esa calaña no fuese detectado a tiempo por sus amigos, familiares y demás bichejos de su entorno.

Herida de amor (I y II) surge de un acontecimiento traumático. Estas navidades tuvimos que sacrificar a uno de nuestros perros, protagonista, por cierto, de uno de los más incomprendidos e hilarantes posts de este blog, en el papel de perro policía (algo que nunca llegó a perdonarme, todo hay que decirlo).
Su última mañana, le dimos una de esas pastillas que tomaba todos los días, envuelta en un sabanita de jamón. Como el pobre ya no controlaba mucho, al morder el trozo de jamón, también mordió con ímpetu mi dedo pulgar, dejándome una bonita y dolorosa herida que, por el lugar donde estaba, no dejaba de sangrar. Mientras me vestía y me preparaba para tomar una de esas decisiones complicadas de tomar (llevarlo al veterinario por última vez), miré la herida, y me dije, joder, menudo último regalo…mañana cuando ya no esté, miraré la herida y me acordaré de él…menudo recuerdo. De esa anécdota surge la idea de tener una herida siempre abierta como recordatorio de alguien. Al momento, me surgió la imagen de una mujer tendida en una cama, desnuda, con un cuchillo afilado en la mano, reabriendo una herida empeñada en pasar página.
Por otro lado, llevaba tiempo queriendo escribir una historia oscura y enfermiza, pero no encontraba el marco adecuado y vi que esta historia de la mujer en la cama podía ser una buena candidata para experimentar.
Para componer la vida de la mujer también me ayudó una historia real que me contó el amigo Madialevas en navidades, de una compañera de piso agredida brutalmente por su compañero y que a los pocos meses estaba, otra vez, compartiendo vida con el agresor, una situación que soy incapaz de entender.
Dividirla en dos, fue casual. Me gustaba como acababa el primer episodio y decidí hacerlo así, para crear expectación, algo que conseguí plenamente, viendo el aluvión de comentarios pidiendo insistentemente el final de la historia.