Otra de las novedades en Zentolos es una nueva sección, que se llama Cervecine, la unión de dos de mis pasiones, cine y cerveza. La verdad es que la idea surgió, sin saberlo y de forma casual hace ya un tiempo, cuando publiqué aquel San Miguel en Ghost in the shell. La idea quedó allí, pero bastante tiempo después, empecé a pensar cómo unir ambas cosas.

Así que hoy queda (re)inaugurada esta sección y para hacerlo, qué mejor que un pequeño homenaje a uno de los grandes del cine de todos los tiempos. En febrero se han cumplido cien años de la primera película de un personaje mítico, el gran Charlot, creado por el genio Charles Chaplin. Poco se puede decir del personaje y del creador, una imagen icónica del cine.
En una de aquellas películas, en concreto, Charlot, campeón de boxeo del año 1915, aparece el Charlot entrenando duramente para enfrentarse a su primer combate. Entre esfuerzo y esfuerzo, una gran garrafa de cerveza sirve para saciar su sed.
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Cien años después resulta una curiosa imagen. Primero por mezclar deporte y alcohol y en segundo lugar por utilizar cerveza en genérico. Hoy en día que estamos saturados de publicidad por todos los sitios, resulta ingenuo ver una imagen de un producto no asociado a una marca concreta. Pero el emplazamiento de producto no se usaría hasta la llegada de los años 30, cuando algunas marcas comenzaron a pagar para que sus productos aparecieran de forma “casual” en una película. Sin embargo, durante muchos años fue una práctica no muy bien acogida por el público y para evitar poner marcas concretas, se recurrió a la famosa marca ACME. La edad de oro del emplazamiento de producto comenzó en 1982 con ET y los míticos caramelos Reese’s Pieces.

A continuación la película completa de The Champion (Charles Chaplin, 1915), gracias a Susie Martin