Cuentan que el filósofo y agricultor o, mejor dicho, el agricultor y filósofo Pierre Rabhi vio, hace muchos años, como chocaban dos camiones en una autopista francesa y la mercancía que transportaban quedaba desparramada sobre el asfalto.
Puedo imaginarme su sorpresa cuando al acercarse sólo pudo ver tomates.
Tomates por todas partes.
La sangre que cubría el negro asfalto estaba formada por la roja pulpa de miles de tomates esparcidos casi de forma cuántica.
Tomates cultivados en Cataluña que viajaban hasta las tierras norteñas de Holanda.
Tomates cultivados en Holanda que eran transportados hasta las mediterráneas tierras de Cataluña.
La sangre del capital y de la idiocia humana esparcida en una carretera francesa.