Patología de la Ciencia
Irving Langmuir, premio Nobel de Química en 1932, acuñó el término Ciencia Patológica para intentar describir aquellos errores producidos en los trabajos científicos, no por falta de honestidad del autor, si no por un afán desmesurado de intentar probar aquellas hipótesis en las que se trabaja. En numerosas ocasiones y tras arduos años de investigación es posible que no se obtengan resultados destacables, o los resultados sean negativos, por lo que la frustración generada puede llevar al investigador a llegar a conclusiones erróneas, relaciones causa-efecto falsas o interacciones en el límite de la percepción.
El propio Langmuir estableció los principales síntomas para caracterizar los posibles casos de ciencia patológica:
- El efecto máximo observado es producido por un agente causal cuya intensidad es apenas detectable, y la magnitud del efecto es independiente de la intensidad de la causa.
- El efecto causado es de una magnitud que se aproxima al límite de la detectabilidad o que son necesarias muchas mediciones debido a la baja significación estadística de los resultados.
- Se sugieren teorías explicativas que se encuentran fuera de los paradigmas científicos aceptados.
- En un principio, los defensores de los resultados aumentan en relación a los críticos, pero con el paso del tiempo la teoría pasa al olvido absoluto.
El problema es cómo discernir entre revolución científica, ciencia patológica, fraudes científicos y pseudociencia.
Queda claro, que muchas de las revoluciones científicas han sido puestas en tela de juicio durante muchos años y que sólo tras intensos trabajos de experimentación e investigación han sido aceptadas por la comunidad científica. Por citar un ejemplo: la famosa idea de la deriva continental propuesta por Alfred Wegener, que fue duramente ridiculizada al ser propuesta por un meteorólogo y por la incapacidad de Wegener de proponer un modelo que explicase cómo se podían mover los continentes.
La ciencia patológica se mueve a veces en el filo de la navaja del fraude. Un caso paradigmático puede haber sido el famosísimo experimento de la fusión fría realizado por Pons y Fleischmann, que pasada la euforia inicial, nadie fue capaz de reproducir.
Fraudes en la Ciencia ha habido numerosos, desde el hombre de Piltdown hasta el más reciente de Hwang Woo-Suk, y a veces con consecuencias desastrosas para el propio científico implicado, como el caso Kammerer.
En estos casos, al final, el método científico y los propios investigadores son los que con el paso de los años acaban confirmando o no esos postulados provocadores. No ocurre lo mismo con la pseudociencia, que en la mayoría de los casos propone ideas que no pueden ser probadas por el método científico, pero que sin embargo, busca su justificación en él.
100cia
Autor: Lughnasad
Mayo 22nd, 2007 at 16:02
Sí. Hay mala ciencia por incompetencia, pero si las conclusiones son relevantes, en el sentido de que desafían presupuestos firmemente aceptados, rápidamente será corregida. También hay fraude científico, el cual seguramente es más difícil de descubrir porque hubo intencionalidad maliciosa, pero, tarde o temprano, por las mismas razones saldrá a la luz. En cuanto a la pseudociencia, sólo podemos reírnos de ella, pues es inexpugnable.