Una de las instituciones más originales y que más influencia tuvieron durante el franquismo eran las llamadas fuerzas vivas del pueblo. Estas fuerzas vivas estaban representadas por el señor alcalde, elegido a dedo, de familia pudiente, amigote de un gerifalte de alto rango, al que posteriormente y para regocijo de sus herederos, su nombre quedará ligado, por los siglos de los siglos, a una bonita calle del pueblo. Otro actor importante era el cura del pueblo, siempre apoyando a los poderosos desde el púlpito, aleccionando a las mujeres para ser las perfectas esposas y madres ejemplares, vendiendo sus secretos de confesión al mejor postor y que cualquier parecido con el curita de Cuéntame es ciencia ficción. El médico, encargado de velar por la salud de sus vecinos, desarrollaba una labor fundamental, por que la salud es lo primero y si no, no hay más que ver la tele después del maldito sorteo de Navidad: “lo importante es que haya salud…”; y por último, pero no en importancia, estaba el señor maestro, que educaba a los niños en los principios del nacional catolicismo, cantando las heroicidades del salvador de la patria y aquello de que éramos la reserva espiritual ,y no espiritosa, de Europa.

Pues, han pasado los años y algunas cosas no han cambiado, llegan las elecciones y las ¿nuevas? fuerzas vivas se presentan para gobernarnos.

En la actualidad, aquel señor alcalde que todo lo manejaba, se retira después de 28 años en el poder, pero tal y como le enseñaron, lo deja todo atado y bien atado, proponiendo para “sucederle” a su delfín más querido: el señor veterinario, que ahora, que es más importante cuidar la salud de los animales de cuatro patas que los de dos, pasa a ser una de las nuevas fuerzas vivas. La curia sigue a su rollo, erre que erre, apoyando siempre a los mismos, aunque con menos adeptos. El médico, cansado de estar en un escalafón inferior, se ha juntado con varios trabajadores del gremio: ATS y enfermeras para formar un equipo fuerte y dinámico, con salud de hierro, vamos. Por último y en este caso, sí en importancia, el pobre maestro, que pierde su prestancia y pasa a formar parte de las fuerzas muertas, porque, ¿para qué demonios queremos a un maestro rojillo y protestón, si los niños se aleccionan de maravilla con la señora televisión?

En fin, que las fuerzas vivas te acompañen. Amén.