La técnica del ADN recombinante constituye la base para la creación de los organismos transgénicos. Esta técnica consiste en la incorporación de un fragmento de ADN foráneo en una molécula más pequeña, como por ejemplo, un plásmido bacteriano. En ese plásmido se incorpora el gen de interés y un marcador que permite comprobar si la inserción se ha producido con éxito o no. Ese marcador suele ser un gen de resistencia a un antibiótico, como por ejemplo, la kanamicina. Una vez insertado el plásmido con el gen y el marcador en la célula correspondiente, esta se hace crecer en un cultivo celular hasta obtener una planta completa, convertida en un nuevo ser, en un transgénico.

El primer organismo transgénico se obtuvo en el año 1973, al conseguir que la bacteria Escherichia coli portase un gen de la salmonela. En 1978 se fundó la primera empresa que empleó esta tipo de técnicas, Genentech empezó a producir insulina en un cultivo bacteriano de E. coli.

Son, pues, los transgénicos producto de la Ingeniería Genética, de ahí que en ocasiones se denominen también Organismos Modificados Genéticamente (OMG o GMO en inglés). Esta definición puede llevar a confusión y de hecho, los defensores de esta tecnología se han encargado de sembrar dudas, argumentando que organismos modificados genéticamente han existido desde que el hombre fue capaz de domesticar la primera planta mediante el uso de la selección artificial. Además el término OMG es menos descriptivo y más neutro que transgénico.

Comercialmente, esta técnica ha sido empleada de forma sistemática en la obtención de nuevos cultivos que presenten una serie de mejoras en relación al cultivo original. La idea es poder introducir en el genoma de un cultivo un gen de otra especie que le confiera algún tipo de ventaja frente a los cultivos tradicionales. Estas ventajas son variadas y citaremos algunas de las más importantes:

· Plantas resistentes a los herbicidas. El cultivo de la soja se transformó profundamente cuando se consiguió introducir un gen de resistencia al glifosato, un herbicida ampliamente utilizado. El planteamiento es brillante, si el cultivo es resistente, se puede aplicar el herbicida que acaba con las malas hierbas y deja intacto el cultivo de interés. De este modo se elimina la competencia por los nutrientes que provocan las adventicias.

· Otro de los problemas en las grandes plantaciones es la merma de productividad que provocan las larvas de muchos insectos. Se sabe que la bacteria Bacillus thurigiensis, bien conocida por los agricultores ecológicos, produce una serie de proteínas que agujerean el tubo digestivo de las larvas. Resultaría muy interesante que la propia planta fuera capaz de generar dicha toxina. Esto se consiguió al introducir el gen Bt en el cultivo, sobretodo en el maíz o el algodón.

· También se han conseguido cultivos que sean capaces de suministrar nutrientes al ser humano que antes no producían. El caso más conocido es el del arroz dorado, un cultivo capaz de sintetizar vitamina A, que ayudaría a paliar las deficiencias de esta vitamina en muchos lugares de la tierra.

· Otros avances significativos han sido conferir cierta resistencia a las heladas, resistencia a las sequías o a ambientes salinos.

Sobre el papel, los transgénicos representarían una revolución sin parangón en la agricultura, similar quizás a la propia domesticación de los primeros cereales. Del mismo modo que la Revolución Verde de los años 60 prometió acabar con el hambre en el mundo, las multinacionales de la Ingeniería Genética han vendido la invención como la panacea, que abastecerá de comida a las nuevas generaciones, acabando de una vez por todas con la lacra de la hambruna. Parece claro, pues, que estos nuevos cultivos tienen una serie de ventajas que los harían muy útiles tanto para los agricultores como para la sociedad en general. Así que, ¿por qué generan tanto rechazo?

Esta cuestión no es fácil de abordar por que en el tema de los transgénicos se entremezclan numerosos intereses de difícil conciliación: políticos, agrarios, medioambientales, salud humana, científicos y por encima de todos ellos, los intereses económicos. Como casi siempre, el dinero y el poder empresarial emponzoñan un debate que debería de ser abierto y plural.

Entre las objeciones principales realizadas a estos productos están las siguientes:
· Para implantar los cultivos, algunas multinacionales han rozado actitudes mafiosas, obligando a firmar contratos abusivos que obligan al agricultor a plantar durante años las semillas y, curiosamente, a usar productos exclusivos que la propia empresa comercializa y pagar una tasa adicional por superficie plantada.
Otro factor importante sería la obligación de etiquetar los productos transgénicos como tales, ese oscurantismo ha puesto a la opinión pública en contra, que quiere decidir por sí misma el consumo o no de estos productos.
Algunos científicos con estudios contrarios a los intereses de las multinacionales han visto como su trabajo y su reputación era destrozada hasta acabar con su carrera científica (p.e. el Dr. Arpad Putzsai, el relato de los hechos puedes leerlo en El caso del Dr. Putzsai; [PDF; 48KB]; también puedes consultar el texto resumen Alimentos Genéticamente Modificados: ¿Son un Riesgo para la Salud Animal o Humana?).

· Aplicar el principio de precaución. Deberían hacerse estudios completos e independientes que certifiquen que son inocuos para la salud humana. Estos estudios suelen durar años e implicar a miles de personas. A veces se tiene la sensación de que son productos poco evaluados y analizados.
En este sentido, es interesante destacar las prudentes recomendaciones de A. Dona e I.S. Arvanitoyannis en su artículo Riesgos para la salud de los alimentos modificados genéticamente (ver resumen del artículo en inglés) en el que destacan que: “muchos estudios sobre alimentos transgénicos indican que pueden causar algunos efectos tóxicos tales como problemas hepáticos, pancreáticos, renales o en la reproducción y pueden alterar los parámetros hematológicos, bioquímicos o inmunológicos. Sin embargo, son necesarios muchos años de investigación con animales y ensayos clínicos para una correcta evaluación“.

· Una de las principales causas de su rechazo es el posible impacto en el medioambiente. Desde el principio, las empresas garantizaban que no habría problemas de cruzamiento de las plantas transgénicas y las convencionales. Esto se ha demostrado falso y en muchas zonas, sobretodo en cultivos de maíz, se están produciendo contaminaciones masivas con polen de plantas transgénicas. Esta contaminación tiene múltiples e insospechadas repercusiones, ya que en los orígenes y centro de diversificación de los cultivos (p. ej. el maíz en México) “los pequeños agricultores obtienen sus semillas de sus propias reservas o de otros agricultores, este práctica crea un sistema abierto de semillas sujeto a procesos de deriva genética, flujo génico y selección, en el que el hecho de introducir transgenes puede provocar consecuencias difíciles de predecir” (ver artículo completo; Transgenes in Mexican maize…; [PDF, 524KB].
Otras consecuencias son la difusión del gen [EN] de la resistencia a los herbicidas.
La contaminación también puede afectar, por ejemplo, a los cultivares ecológicos, de modo que al analizar la producción se detecta la presencia de transgénicos en un cultivo donde están prohibidos. Finalmente, la producción ecológica pasa a ser declarada como convencional con las consiguientes pérdidas para el agricultor ya que el producto convencional tiene un precio inferior.

· Los cultivos Bt no sólo afectan a las larvas de los insectos dañinos, afectan a larvas de otras especies. Por ejemplo, se han citado casos de especies en peligro de extinción que se van afectadas por estos cultivos (ver los trabajos [EN] de Bela Darvas para la prohibición del maíz MON810). En este caso, de nuevo surgieron prácticas poco éticas, ya que Monsanto negó más semillas al Dr. Darvas para ampliar su estudio y este finalizó de forma abrupta.

· Otros estudios relacionan el cultivo de maíz Bt y la pérdida de enzimas y microorganismos edáficos en los suelos donde se cultiva algodón Bt en relación a suelos cultivados de forma convencional. Las conclusiones [EN] del estudio son evidentes: descensos notables de Actinomicetos y bacterias y de enzimas como las deshidrogenasas, ácido fosfatasas y nitrogenasas. El estudio completo de la organización Navdanya: Effect on soil biological activites due to cultivation of Bt Cotton ([PDF, 48KB].

· La pérdida de biodiversidad y la soberanía alimentaria. La pérdida de biodiversidad en los cultivos agrarios es un evento que se viene observando desde mucho antes de la aparición de los transgénicos. En el último siglo se han perdido miles de variedades menos productivas, pero que pueden presentar características que puedan ser necesarias o útiles en el futuro (puedes ver algunos ejemplos en La bóveda global de semillas de Svalbard en Zentolos). La aparición de los transgénicos daría el golpe de gracia a esta diversidad, ya que los agricultores presionados por las multinacionales y por su propia supervivencia, no tendrían más remedio que cultivar este tipo de productos.
Esta actitud también acabaría con su soberanía alimentaria, su libertad para plantar esta o aquella semilla. Los agricultores adheridos a este sistema, están obligados a comprar la semilla todos los años, en ciertos casos a plantar determinadas cantidades, a usar los herbicidas de la empresa, a pagar un canon por superficie plantada. Finalmente el agricultor se convierte en un empleado más de la empresa que le suministra la semilla, estando a su completa disposición y arbitrariedad.

Para acabar esta extensa y profunda revisión de los transgénicos no puedo dejar de señalar la, ya mítica, batalla de David contra Goliath: el caso Percy Schmeiser.
Percy Schmeiser es un granjero canadiense que ha tenido desde hace años un duro litigio contra la multinacional Monsanto. Esta empresa, que curiosamente, es líder mundial de la venta del herbicida Roundup (glifosato) acusó a Schmeiser de plantar, propagar y vender un cultivo transgénico sin permiso de la empresa. El señor Schmeiser llevaba más de 40 años plantando, experimentando y seleccionando semillas de colza en sus propiedades. Cierto día Schmeiser usó Roundup para matar unas malas hierbas en un extremo de su propiedad y descubrió asombrado que algunas plantas de colza habían sobrevivido al tratamiento. Posteriormente usó, a modo de experimento, el Roundup en una zona de cultivo, y el 60% de las plantas de colza no se veían afectadas por la aplicación del herbicida. En el momento del almacenamiento de la semilla, como todos los años, Schmeiser guardó su propia semilla y semilla de esas plantas resistentes. Al año siguiente, utilizó una parcela para plantar exclusivamente esa semilla resistente. Monsanto denunció a Schmeiser por plantar semilla patentada de forma intencionada infringiendo una serie de leyes. Schmesier siempre negó este hecho y alegó que habían llegado de forma accidental a sus parcelas. En los primeros juicios Monsanto siempre ganó sus demandas. Schmeiser, por consejo de sus abogados, destruyó todas sus semillas, incluso las que había seleccionado durante más de 40 años. Estas primeras victorias pusieron en alerta a toda la comunidad campesina, pues las contaminaciones podían ser frecuentes y accidentales y el culpable sería el agricultor. Finalmente, el año pasado ambas partes alcanzaron un acuerdo extrajudicial en el que Monsanto asumía la culpabilidad de la contaminación, pagó las daños causados por la retirada manual de las plantas contaminadas y concedió a Schmeiser la libertad de hablar del tema en público, en intentos anteriores de llegar a un acuerdo, Monsanto exigía el silencio absoluto de Schmeiser y la imposiiblidad de ejercer nuevas acciones legales en el futuro.

Como colofón, el documental El Mundo según Monsanto de Marie-Monique Robin



Lecturas de interés:
· Nuevas pruebas de la peligrosidad de productos genéticamente modificados
· Monsanto
· Guía roja de los alimentos transgénicos
· Alemania prohíbe el uso del maíz MON810
· Manifestación contra los transgénicos en Zaragoza.