El Poder contra el Pueblo

El Poder contra el Pueblo o Reflexiones sobre Radio encubierta.

Recientemente he visto Radio Encubierta, una película que trata el tema de las emisoras piratas que retransmitían música pop o rock las 24 horas del día. Aunque la película no está basada en hechos reales, sí que aborda, con cierta perspectiva, el movimiento social y político de aquellos momentos. En esta anotación no hablaré de la película en sí misma, algo que dejaré para la sección Cinexín, si no de algunas reflexiones que surgieron después de haberla visto.

Los años 60 son el inicio de la cultura del pop o del rock, tal y como la entendemos hoy en día. Eran tiempos en los que había infinidad de grupos musicales de gente muy joven, que provocaron una auténtica explosión en el modo de vivir la música. Algunas consecuencias de aquellos tiempos fue el nacimiento de una industria discográfica, el movimiento fan, la moda asociada al rock y la aparición de emisoras que se centraban exclusivamente en ese tipo de música. Hoy en día, todo esto nos parece normal, sin en cambio, en la Inglaterra de los primeros años 60, muchas de estas cosas eran desconocidas. Tal y como se dice en la película, la célebre BBC sólo emitía 2 horas semanales de música rock o pop. La radio pública británica se negaba a radiar este tipo de música por considerarla poco apropiada, en un momento clave de la historia musical con la aparición de grupos míticos que todos conocemos. Pero la sociedad deseaba oír a esos nuevos grupos de los que todo el mundo hablaba, que estaban rompiendo las rígidas normas de la época. En ese momento surgieron las llamadas radios piratas.

Las primeras radios piratas surgieron a finales de los 50 en las aguas internacionales cercanas a los países nórdicos y retransmitían de forma ilegal, sobretodo, música. En los años 60, se instalaron las primeras radios piratas cerca de Inglaterra. Estas emisoras estaban instaladas en barcos situados en aguas internacionales aprovechando el vacío legal que había en aquellos momentos. La mayoría de ellas emitían sólo música rock o pop y se financiaban gracias a los ingentes ingresos en publicidad y gracias también a discográficas estadounidenses que vieron en ellas una forma de promocionar a sus grupos. Las audiencias de aquellas emisoras eran brutales, millones de personas estaban pendientes de ellas, disfrutando de la buena música y del morbo de hacer algo que parecía ilegal. Aparecieron las primeras estrellas radiofónicas, locutores que encandilaban con sus comentarios, que hablaban directamente al oyente, que usaban un lenguaje cercano, hasta barriobajero, que usaban tacos y que por encima de todo ponían la música que querían, que les gustaba, que les apasionaba.
En esta situación, el Gobierno Británico reaccionó intentando clausurar las, pero debido al vacío legal, en realidad, estas emisoras no estaban cometiendo ningún acto ilegal, quizás no fuera muy ético, pero no era ilegal. Los primeros intentos fueron infructuosos, no había modo de que las radios piratas acallasen su grito de rock’n'roll, pero finalmente, el Gobierno promulgó una ley específica, la llamada Acta de Emisiones Marítimas y declaró ilegales estas estaciones emisoras. En esa misma época nació Radio1 de la BBC, que acabó fichando a algunos de los mejores locutores de las piratas. Viendo que había un mercado por explotar, finalmente nacieron las legales radios comerciales terrestres y fue el fin, casi definitivo, de las emisoras en alta mar.

Toda esta historia, muy brevemente resumida, me hace reflexionar sobre:
· el capitalismo y la forma que tiene de engullir casi todo lo que toca, siguiendo la máxima: “si no puedes con tu enemigo, únete a él“, acaba por prostituir las mejores ideas. No hay que olvidar que a alguno de los impulsores de este movimiento, les importaba poco la libertad de expresión o la música, simplemente lo usaron como plataforma para vender sus discos y montar una industria alrededor.
· sobre el Gobierno, más preocupado por mantener una serie de valores caducos, e importarle poco lo que el Pueblo demanda, promulgando leyes que no buscan el interés general, si no el interés (económico o moral) de unos pocos.
· sobre el Pueblo, que finalmente consiguió acceder a la música que quería oír, pero pagando el precio de la domesticación.

Es muy fácil adaptar estas reflexiones a la actualidad, simplemente donde pone “radio” cámbialo y pon “internet“, al final acabará/acabaremos domesticados igual que ocurrió con las radios piratas de los años sesenta.

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