Triceratops

¡Qué placentero suele resultar liberar la mente!. Abandonarse y vagar libre y sin destino por las intrincadas sendas de la existencia. Saborear los sencillos manjares que nos regalan nuestros sentidos más desconocidos. Sanear el alma con la pureza de las esencias que nos rodean. Paladear una paz generalmente esquiva y fugaz.

Sin embargo, como todo, también tiene sus peligros. Cuando las dimensiones de nuestro vagabundeo no se limitan tan sólo al espacio, corremos el riesgo de levantar la vista y…