La resistencia de las perlas
Las perlas. Esas joyas conocidas desde la antiguedad. Esas lágrimas del mar destinadas a eliminar las partículas extrañas que osan penetrar en el interior de los moluscos que pacientemente las fabrican. Esas capas de nácar (formado por una mezcla de cristales de carbonato de calcio (CaCO3) y una proteína conocida como conchiolina) que tanto interés desataron a lo largo de la historia humana…
En fin, esas perlas. Que a pesar de que hoy en día no se suelen obtener de la romántica forma tradicional (abriendo una ostra y cruzando los dedos) siguen siendo objeto de deseo por un gran número de personas. Pero, ¿que garantía tenemos de que nuestra recién adquirida joya tenga unos mínimos de calidad?.
No hay problema. Como en muchas otras ocasiones, la técnica al rescate. Construyamos una máquina que someta a nuestro preciado bien a un constante esfuerzo mecánico y comprobemos sus efectos en ella (a este proceso lo llamaremos Ensayo de resistencia de collares). Bien podría ser algo así:
De este modo, los collares de perlas que están delicadamente apoyados sobre una superficie acolchada son acariciados suave y periódicamente por unos rodillos del mismo material mullido y aterciopelado. Tan sólo queda sentarnos y esperar.
Conclusión: podemos comprar nuestras perlas sin albergar ninguna duda. Podemos estar seguros de que un montón de suaves caricias no las perjudicarán.
Zentoladas
Autor: Josemi

Julio 20th, 2009 at 14:25
Simplemente un comentario sin importancia. Hay moluscos de río que también generan perlas, aunque en una proporción muchísimo menor. Creo haber leído que en tiempos de los romanos hasta había cierto comercio con las perlas generadas por estos moluscos.