El compost es simplemente materia orgánica en descomposición y según ésta, se puede hablar de compost fresco, cuando el compost está poco descompuesto, es decir, todavía podemos distinguir las partes orgánicas que lo forman, y compost maduro cuando ya no se distingue la materia orgánica que lo originó.

La forma más habitual de compostar es hacer un montón, no inferior a 1 m3 con materia orgánica de procedencia diversa: restos orgánicos caseros (restos de comida y otros materiales orgánicos), restos de podas, hierba, hojas de árboles, restos de adventicias, estiércol procedentes de aves o herbívoros, paja, papel de periódico (sólo de las hojas no impresas en color), cenizas, serrín, polvo de roca, pelo, restos de concha de mariscos etc. NO se deben compostar heces humanas ni de otros animales domésticos como la de perro, ni la litera de los gatos, polvo de limpiar la casa, aceites, levaduras, carnes en abundancia.

  • Consejos

Hacer una base con ramas procedentes de restos de podas, no muy gruesas, que permitan que queden bolsas de aire en el interior del montón. Yo suelo usar tojos (Ulex europaeus), que aportan nitrógeno (son leguminosas) y al ser espinosos dejan muchos huecos en el interior.

Añadir otros materiales en capas. No es aconsejable hacer capas muy gruesas y homogéneas, por que pueden apelmazar el montón (no dejan huecos) y la mezcla puede pudrir, además la variedad de elementos aportará más y variados nutrientes al compost.

Añadir otra capa de ramas (o tojos si dispones de ellos) que deje más bolsas de aire.

Seguir añadiendo más materiales y así sucesivamente hasta alcanzar el tamaño adecuado. En general, se aconseja que la relación Carbono (C):Nitrógeno (N) de materiales incluidos en el montón sea aproximadamente de 25:1 a 30:1 Como esto, en la práctica, es difícil de saber, debemos tener en cuenta que dos de los materiales más empleados tienen las siguiente relación: hierba (20:1) y las hojas secas (50:1), por lo que la mezcla de materiales diversos en probable que tenga una relación C:N aceptable.

Regar abundantemente el montón para facilitar el inicio de la descomposición.

Si el montón se hace de una sola vez, al día siguiente empieza la cocción del montón, denominada así, por que los procesos que se originan en su interior producen un aumento considerable de la temperatura hasta los 60ºC.

El montón debe estar tapado para que no le dé el sol directo, se secaría más rápidamente; ni llueva por él, la lluvia podría llevarse los nutrientes y además el exceso de humedad retrasaría la descomposición. Además debe tener aireación para favorecer los procesos aerobios.

A veces, se aconseja voltear el montón cada cierto tiempo, teniendo en cuenta para ello, el descenso de la temperatura del montón. Con cada volteo se reactiva el proceso, con lo que el tiempo de descomposición se acorta. En mi caso, esta tarea no suelo realizarla, por que supone un esfuerzo extra, y por que con el consejo siguiente, siempre tengo compost preparado.

Podremos hacer tres montones, para que, mientras uno se está haciendo, poder incorporar materiales a los otros, de modo que siempre tengamos un montón de compost maduro, otro a medio descomponer y un tercero en proceso.

A los 10-12 meses podremos tener un compost bien maduro, listo para abonar los bancales, dependiendo de los factores climáticos y de sí es la primera vez que hacemos compost, ya que los montones posteriores se descompondrán antes.

  • Lo que no debe suceder o no debemos hacer:

Que el montón no alcance la temperatura suficiente para acabar con las semillas de adventicias que pueda llevar, estaríamos extendiendo sus semillas en los bancales.

Que no tenga la suficiente aireación, ya que al faltar el oxígeno, se produciría un fenómeno de putrefacción que no daría lugar a compost. Esto se sabe si el montón desprende malos olores (el montón nunca debe oler mal)

No incluir excrementos de animales por que puede transmitir enfermedades.