Los que sois lectores constantes de este blog, habréis notado que uno de los integrantes habituales de esta aventura, últimamente ha dejado de publicar sus inquietudes por estos lares. Como comentamos hace tiempo, Zentolos estaba formado por tres integrantes, amigos desde tiempos inmemoriales en el Mundo Real. Resultaba curioso como tres amigos podían escribir de cosas tan dispares, cada uno tenía su parcela, parcelas complementarias, nunca excluyentes. Iamato siempre se dedicó a la parte más filosófica, sus años de búsqueda interior practicando diferentes disciplinas orientales le daba ese punto espiritual. Siempre usó el blog como forma de encontrar a alguien que estuviese en esa misma senda de búsqueda interior y para ello usó, sorprendentemente, unos escritos cargados de simbolismo, lirismo y poesía; algo que, estoy obligado a decirlo, me sorprendió gratísimamente. Después de más de 30 años de amistad, el blog me permitió conocer una faceta desconocida de una persona con la que compartí (comparto y espero compartir) muchísimas vivencias.
Finalmente, el ser imaginario que le susurraba aquellos preciosos escritos, ha dejado de hablarle al oído; el ser imaginario que le obligaba a pulsar el botón de su cámara, ha dejado de hacerlo, así que ha decidido dejarnos en Zentolos.
El blog queda cojo, lo que era un perfecto trípode apoyado en espiritualidad, razón y sentimiento, se queda sin una parte importante, pero intentaremos seguir por aquí, por lo menos una temporadita más.
La puerta queda abierta de par en par, siempre serás bienvenido, para que nos acaricies el corazón o nos estrujes las entrañas.

Mi intención era hacer una pequeña selección de tus anotaciones que más me han gustado, pero a ¿quién quieres más a papá o a mamá?, así que he desistido, el que quiera que bucee por el blog y encontrará auténticas perlas heterogéneas. Algunas son impactantes fotografías, otras escritos maravillosos, algunas me han arrancado lágrimas de emoción y no hablo en sentido figurado. Es posible que no hayas encontrado ese compañero de viaje, pero, personalmente he encontrado la poesía en tus ojos y ya no volveré a mirarte, a verte de la misma forma.
Gracias Iamato, hasta siempre, hasta nunca, hasta ahora.

Escogeré algo que llene mi corazón y lo viviré con la misma pasión que un niño. Me subiré a los árboles y a las rocas, llenaré espacios en blanco (de palabras, de música, de colores, de movimientos), buscaré la impecabilidad en todos estos actos, porque ésta es, en realidad, la única libertad que tenemos como humanos.