Recientemente he podido leer la siguiente anotación El desafortunado fracaso de la agricultura orgánica de Javier Castellanos a la que accedí a través de esta otra en el blog de Félix Maocho El fracaso de la agricultura ecológica.
No puedo estar más en desacuerdo con los razonamientos que se señalan hacia el supuesto fracaso de la agricultura ecológica, e intentaré dar mi visión al respecto de alguno de esos puntos ya que son argumentos utilizados frecuentemente.

En primer lugar no comprendo cuál es el objetivo de estos ataques, en mucho casos furibundos y con pocos argumentos, que provienen de ciertos grupos de presión, algunos de los cuales están vinculados a la industria de la biotecnología. Siempre me ha sorprendido, por ejemplo, que los defensores de los transgénicos ataquen este tipo de agricultura.

La agricultura ecológica no es una simple aplicación de unos principios y prohibiciones, conlleva también una forma de ver la vida que queda recogida formalmente en una disciplina científica que se denomina agroecología. Como su nombre indica, la agroecología pretende estudiar el fenómeno agrícola en su conjunto, desde el punto de vista ecológico, no confundir con el punto de vista ecologista, la ecología es una rama de la Biología que estudia los ecosistemas, es decir, estudia los seres vivos, sus relaciones, su diversidad, las interacciones entre ellos y con el ambiente, el medio físico y, sorprendentemente, incluye al ser humano y las variables sociales, económicas y medioambientales; el enfoque agroecológico considera a los ecosistemas agrícolas como las unidades fundamentales de estudio. En este sentido, la agricultura clásica busca la explotación de los recursos, la maximización de los beneficios, la atomización del cultivo como un ente productor aislado; por el contrario, la agroecología estudia cómo cambiar ese paradigma para hacer una agricultura holística y multisistémica donde todo está relacionado. La agricultura no puede estar separada de los bosques que la rodean, de los animales que viven en sus cercanías, del componente humano (social, económico, cultural), la agricultura debe estar integrada en el todo.
El principal argumento esgrimido por Javier Castellanos es que la agricultura ecológica está basada en planteamientos equivocados desde el inicio, siendo el principal, la prohibición del uso de abonos químicos de síntesis. Esto acarrea una serie de lastres que hacen que la agricultura ecológica sea una panacea, cara y elitista.
Intentaré rebatir estos argumentos:

· La agricultura ecológica es una panacea, es una utopía.
Según Castellanos “ni en todo el mundo, hay cantidades suficientes de abonos orgánicos para abastecer ni siquiera una parte del nitrógeno requerido por la agricultura“. Esta es la típica visión de la agricultura como un sistema independiente, alejado de otros sistemas, en el que lo que interesa es alimentar a cada planta como si estuviese en un medio aislado. La visión agroecológica es clara, integremos la agricultura en otros sistemas. Simplemente como ejemplo, ¿cuántas toneladas de residuos orgánicos se generan al día en las explotaciones ganaderas? ¿cuántas miles de toneladas de residuos orgánicos generamos cada día en nuestros hogares? Simplemente, debemos provocar un cambio de paradigma: algo que ahora llamamos basura, que en la mayoría de los lugares se entierra o se incinera, podría ser una fuente casi inagotable de materia orgánica; integremos la agricultura en los sistemas de reciclaje; la basura como materia prima; veamos la materia orgánica en sus diferentes estados como un todo. Desconozco si esa materia orgánica sería suficiente para abastecer a toda la agricultura, pero seguro que nos ahorraríamos toneladas de abonos químicos.
Lo que no es una panacea son los abonos químicos, su uso indiscriminado provoca que el suelo pierda su estructura, pierda incluso su nombre y simplemente sea tierra que sirve de sostén a las plantas, carente de vida. ¿Cuántas hectáreas han sido abandonadas por la agricultura clásica por que ya non dan más de sí, aunque apliquemos más y más abonos? ¿cuántas hectáreas de tierras de labradío se han convertido en desiertos funcionales?
La utopía describe una comunidad o una sociedad idealizada, mejor que la que nos ha tocado vivir. Que la agricultura ecológica busque la utopía de un mundo mejor nunca debería ser un defecto, ¿qué sería de un mundo sin utopías?
· La agricultura ecológica es cara.
Porque prohíbe el uso de los inocuos fertilizantes inorgánicos y obliga a los agricultores a usar fuentes orgánicas que, en la práctica son muy caros, difíciles de aplicar y cuyo uso no es rentable para los agricultores“.
El encabezado es cierto, los productos de la agricultura ecológica son más caros que la agricultura clásica. Sin embargo las razones son diversas, y la principal no es la carestía de la materia orgánica.
Es más cara por que el agricultor ecológico recibe más dinero por su producto, no se encuentra sobreexplotado por las distribuidoras y comercializadoras de los alimentos que pagan precios ridículos en origen para poder mantener sus estratosféricos beneficios y unos precios relativamente bajos para el consumidor. Como decía, la agroecología también tiene en cuenta el factor humano, y en este caso se busca la plusvalía en el agricultor no en el intermediario. Los canales actuales de distribución son diferentes al producto convencional. Sin embargo, en los próximos años creo que este factor cambiará, y a la larga el productor ecológico se verá involucrado en el mismo sistema explotador que el agricultor convencional.
Otro factor que incrementa el precio es la menor producción y mayor esfuerzo laboral de las explotaciones ecológicas. Este menor rendimiento obliga a aumentar los precios para compensar la diferencia. Sin embargo, lo producido presenta una mayor calidad que lo producido en agricultura convencional.
Desde un punto de vista global, la agricultura convencional resulta mucho más cara para la sociedad en general, pues habría que incluir los gastos medioambientales que este tipo de prácticas provoca: salinización de los suelos, desertificación, aumento de la erosión, contaminación en la síntesis de los abonos químicos, el abandono del rural ante la presión de un sistema de producción altamente competitivo, los millones de euros en subvencionar la agricultura…
· La agricultura ecológica es elitista.
Este argumento no puede faltar nunca. Es el típico argumento repetido hasta la saciedad que acaba por creerse. Está en la misma línea de “el cazador es el que de verdad se preocupa por el medioambiente”, o “el toro no sufre porque es un animal bravo”…
Es un argumento que intenta levantar una barrera invisible entre consumidores, estableciendo una categoría despectiva, cuando precisamente los consumidores de productos ecológicos suelen ser consumidores responsables, interesados en la procedencia del producto, en la forma de elaboración, etc. Para mí es elitista comer caviar, beber champán francés de 100€ la botella, cenar en un restaurante exclusivo de lujo, o conducir un Mercedes de 50.000€, la agricultura ecológica no es elitista.
Admito que llevar una vida exclusivamente basada en el consumo de productos ecológicos es prohibitiva (nada que ver con elitista), sin embargo, eso no implica que podamos incluir numerosos productos ecológicos en nuestra cesta de la compra. De la misma manera que sabemos que hay automóviles que tienen diferentes calidades y por tanto diferentes precios, los productos de agricultura ecológica tienen una mayor calidad y un mayor valor añadido que hay que pagar.

Para acabar estas reflexiones, Javier Castellanos, elogia el hecho de reducir la carga de fitosanitarios y se pregunta qué tan lejos hubiéramos llegado, si hace 20 años la agricultura orgánica hubiera promovido una agricultura libre de pesticidas químicos, en lugar de satanizar a los fertilizantes“. Sinceramente no entiendo a qué se refiere, la agricultura ecológica desde hace mucho más de 20 años ha promovido la agricultura libre de pesticidas. Da la impresión de que el señor Castellanos abogue por una especie de híbrido entre la agricultura ecológica y la convencional, una agricultura que permita un uso más racional de pesticidas y abonos químicos, pero eso ya existe y se denomina agricultura integrada, que tiene su propio consejo regulador y sus propios logotipos, eso ya está inventado.