Hoy se me han venido a la cabeza un montón de recuerdos.

Recuerdo el . . . – - – . . . desesperado de un barco que tenía poco de ilustre y distinguido.
Recuerdo la noticia dada en Tele5, mientras comía, una comida que se me atragantaba en el corazón.
Recuerdo un barco que ahora iba al norte, ahora iba al sur, no espera, otra vez al norte, otra vez al sur.
Recuerdo la escalofriante instantánea, del magnífico fotógrafo Xurxo Lobato (La Voz de Galicia), del barco adentrándose en las simas del olvido, mientras otros, como El Progreso, se ocultaban bajo las alas de los poderosos, por aquello, perdisteis un comprador de por vida.
Recuerdo olas negras arrasando el paraíso, mientras un señor de barba, hablaba de plashtilina. ¿Qué cojones tenía que ver la plastilina con aquella mierda?
Recuerdo a un niño, de apenas seis años, haciendo la pregunta del millón ¿por qué en Galicia no hay buques anticontaminación, acaso no tenemos cientos de kilómetros de costa?
Recuerdo la marea de monos blancos por la mañana, ennegrecidos por la noche.
Recuerdo a otro señor, con cara de perro, responsable de casi todo, responsabilizado de casi nada.
Recuerdo a un lameculos, que desde la televisión pública, que es de todos, alimentaba con su verborrea inútil, lo bien que estaba todo, playas inmaculadas, decían.
Recuerdo a un viejo fascista, ministro durante la larga noche de 40 años, que le daba la Medalla de Oro de Galicia al señor con cara de perro, por sus méritos. Acojonante.

Recuerdos.

Recuerdos, que como dice Iamato, alguien me susurra al oído esta mañana. Mientras me ducho, no sólo cae agua por mis mejillas…

Pero, del mismo modo, que una sustancia extraña que entra en una ostra acaba formando una perla maravillosa, toda aquella situación generó una reacción sin precedentes, que me trae recuerdos en color.

Recuerdo el 1 de diciembre en Compostela, en la mítica plaza de O Obradoiro, miles de personas, con miles de paraguas, recorrieron la ciudad cual marea negra de esperanza. Hasta la lluvia, arte por estas tierras, se unió a la cita y nos bendijo con su agua.
Recuerdo a todos los músicos, escritores, gente de la cultura, que al unísono forjaron un entramado de denuncia y esperanza.
Recuerdo a los miles de voluntarios, venidos de todas partes, con la única misión de ayudar y reconfortarnos.
Recuerdo a los marineros cosechando del mar galletas de chapapote. Cofradías, pueblos enteros unidos en la valerosa acción de salvar sus medios de vida, mientras otros estaban de caza.
Recuerdo a los bretones que tocaron en un concierto con Carlos Núñez, en Vigo, ellos todavía tenían fresco los recuerdos del Erika.
Recuerdo a Iñaki Peña de Trébede (Radio3) y a Emilio Españadero de Lume na Palleira (RTVG) denunciando, sábado sí, sábado también, todo lo que estaba pasando. A ellos, también les pagaron sus esfuerzos, acallando su voz radiofónica, censurando su co-razón.
Recuerdo como un 23 de febrero nos hicimos casi 1000 kilómetros para asistir a una manifestación en Madrid, porque desde Galicia, nuestros gritos no se oían.
Recuerdo a un empleado del metro que, al ver nuestras camisetas azules y negras, nos dejó pasar gratis y nos alentó con su mirada.

Recuerdos.

Recuerdos, que como dice Iamato, alguien me susurra al oído esta mañana. Mientras escribo estas líneas, mi corazón suelta lastre.