William Gibson y el ciberespacio
En 1984 William Ford Gibson (escritor canadiense de ciencia ficción nacido en 1948) publica su primera novela: Neuromancer (Neuromante). Es la primera novela de la conocida como Trilogía del Sprawl que continuaría posteriormente en 1986 con Count Zero (Conde Cero) y en 1988 con Mona Lisa OverDrived (Mona Lisa Acelerada) que si bien comparten el mismo universo y algunos personajes, no tienen mucho que ver entre sí.
Neuromante ha supuesto un hito en la historia de la ciencia ficción y suele considerarse como la primera obra en la que aparece el término ciberespacio. Aunque efectivamente el término fue acuñado por William Gibson, lo cierto es que el concepto de ciberespacio aparece anteriormente en otra de sus obras en 1981, Burning Chrome (Quemando cromo), colección de historias de ciencia ficción en la que por cierto se encuentra “Johnny Mnemonic”, llevada al cine (no con demasiada fortuna) en 1994 y protagonizada por Keanu Reeves (no era Neo en estas lides) y Takeshi Kitano.
En cualquier caso, es en Neuromante (ganadora de los prestigiosos Nebula en 1984 y Hugo en 1985) donde más y mejor se desarrolla el concepto de ciberespacio. Como el propio Gibson reconocía, no poseía una profunda formación científica, por lo que su aproximación a los conceptos informáticos tiene mucho más de onírico que de predictivo. En efecto, a diferencia de las actuales autopistas de la información, Gibson imaginó un entorno plenamente interactivo en el cual el flujo de comunicación no depende siquiera de un teclado y una pantalla. Quizá la mejor aproximación al concepto que el propio autor tenía de ciberespacio nos la ofrezca este fragmento de Neuromante:
El ciberespacio. Una alucinación consensual experimentada diariamente por billones de legítimos operadores, en todas las naciones, por niños a quienes se enseña altos conceptos matemáticos… Una representación gráfica de la información abstraída de los bancos de todos los ordenadores del sistema humano. Una complejidad inimaginable. Líneas de luz dispuestas en el no-espacio de la mente, a grupaciones y constelaciones de datos…, el propio terreno de lo virtual, donde todos los medios se juntan (fluyen) y nos rodean.
Con este libro germinó definitivamente el concepto ciberpunk, caracterizado por la visión de un futuro oscuro, altamente tecnológico, con gigantescas ciudades decadentes en las que las drogas, antihéroes amorales y megacorporaciones de inmenso poder tejen historias llenas de desencanto y pesimismo.
Una visión de un futuro al que el inexorable transcurrir del tiempo nos acerca cada vez más. Un futuro, no ya tan lejano, en el cual si no ponemos remedio, podremos efectivamente llegar a decir que el cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto.
Byblos
Autor: Josemi

Enero 25th, 2008 at 1:12
Muy interesante este artículo sobre Gibson y su concepción del ciberespacio. Es curioso como el ciberespacio, pese a no coincidir en muchos aspectos con su equivalente actual más cercano, internet, sí que ha calado bastante en la cultura actual y en muchas obras de ciencia ficción.
De Gibson sólo he leído “Quemando cromo”. Me gustó bastante no sólo por su descripción del mundo ciberpunk, sino también por los retratos de los personajes que pueblan ese desangelado futuro cercano. No sólo resultan interesantes por la ambientación en que se mueven, sino también por las reflexiones que realiza Gibson sobre el modo de sentir y actuar de los seres humanos, como por ejemplo en “Fragmentos de una rosa holográfica”, uno de mis relatos favoritos.
Saludos.
Enero 25th, 2008 at 12:17
Fragmentos de una rosa holográfica es, en mi opinión, un relato cuyo título puede considerarse como un microrelato en sí mismo.
En cuanto al ciberespacio, creo que se estaba haciendo necesaria una palabra que definiera ese nuevo entorno virtual que se estaba gestando durante la década de los 80. Ciberespacio era novedosa, con fuerza, futurista y estaba disponible. No tardó en calar en la sociedad y hoy es de uso común.
Por otro lado, me resulta muy curioso el hecho de que a lo largo de la historia de la ciencia ficción se hayan imaginado todo tipo de avances tecnológicos y conquistas científicas pero apenas se haya mencionado en ningún sitio un concepto comparable a lo que hoy conocemos como Internet.
Respecto a esto tan sólo me viene a la cabeza la fantástica obra de Orson Scott Card, El juego de Ender, en el que los personajes tenían una especie de dispositivo portátil que les permitía conectarse a una especie de superred global a través de la cual se comunicaban con cualquier parte del mundo y realizaban intercambios de información. Esta obra es de 1985, todavía no existía Internet tal y como ahora la conocemos pero los primeros pasos ya estaban dados. En cualquier caso, tiene su mérito.
Enero 28th, 2008 at 19:00
Es cierto, en la ciencia ficción no hay casi nada o muy poco parecido a internet. Supongo que se deberá a que la mayoría de tecnologías futuristas utilizadas en la ciencia ficción, en el fondo son extrapolaciones de tecnologías ya existentes o derivan de portentos presentes en la literatura fantástica desde hace tiempo.
Internet, por otro lado, supone un salto no sólo cuantitativo sino también cualitativo muy grande. Creo que pocos se imaginaban el fenómeno en que se convertiría interent desde su concepción inicial.
No conocía ese dato sobre el Juego de Ender. Sí, parece una gran aproximación para su época.
Enero 29th, 2008 at 11:47
Interesante. Josemi, permíteme animarte a seguir escribiendo más historias sobre la literatura de ciencia ficción. Sospecho que es un tema en el que te desenvuelves bien, por lo que tales escritos podrían servir de orientación a quienes mostramos interés en un género en el que probablemente se haya escrito mucho y malo. Por otra parte, es evidente tu interés por la ciencia real, luego una combinación de estos intereses podría dar lugar a escritos interesantes y originales, como lo es este mismo, en los que se muestra cómo el conocimiento deformado por la imaginación anticipa (o no) descubrimientos ulteriores.
Enero 29th, 2008 at 13:55
Me uno al interés generado por el autor del que no he leído nada.
Simplemente un pequeño apunte, y es que lo que parecía revolucionario en los 80 queda obsoleto en el 2000.
Me explico, la comparación del cielo gris con el canal muerto de la televisión, pasará en poco tiempo a la historia, ya que la mayoría de receptores de TV modernos ya no dejan que veamos ese gris lleno de puntos tan característico, y con las emisiones en TDT, sólo veremos una pantallazo negro, tan negro como las sociedades retratadas en algunos libros de ciencia ficción.