Una vez en Trinity College, en los años 30, creo, Erdős y mi marido Harold, estuvieron sentados en un lugar público por más de una hora sin pronunciar una sola palabra. Entonces Harold rompió el largo silencio diciendo: “No es cero. Es uno“. En ese momento todo fue alivio y alegría. Todos los de alrededor pensaron que estraban locos. Por supuesto que lo estaban.

Anne Davenport. Viuda de uno de los colaboradores del genial y excéntrico matemático Paul Erdős