Última anotación sobre este peculiar científico y su proyecto estrella.

En 1985, y como era de esperar, comenzaron las primeras protestas. La ampliación del aparcamiento de un hospital cercano pone en serio peligro el proyecto, ya que uno de los trabajadores de la obra, en su momento de descanso, y mientras disfruta de un bocadillo, se encuentra con varios cadáveres en descomposición. Rápidamente, un grupo de ciudadanos, denominados SICK (literalmente, enfermo, y que corresponde a las siglas de Solución a los Problemas de los Ciudadanos de Knoxville), inician los protestas. Gracias a la postura dialogante y su poder de persuasión, la plataforma ciudadana abandona las protestas y la Granja de Cuerpos puede continuar con su actividad.

En los siguientes diez años y basándose en los estudios previos, el doctor Bass y su equipo, comienzan a investigar otro tipo de situaciones como, por ejemplo, intentar descubrir las diferencias en las descomposición de los cuerpos entre verano/invierno, lugares sombreados/soleados, enterrados/sumergidos, enterrados/sin enterrar, cuerpos gordos/flacos…

Bass y su equipo tuvieron la necesidad de desarrollar un método cuantitativo, es decir, un método más objetivo, no basado en impresiones subjetivas, si no en números. Para ello intentaron desarrollar una especie de reloj forense, con el que poder determinar en cualquier momento, cuánto tiempo había transcurrido desde la muerte de una persona hasta el hallazgo del cadáver. Uno de sus discípulos, Arpad Vass [EN] intentó vincular ese tiempo con las bacterias existentes en el cuerpo hallado. Arpad suponía que, al igual que los insectos, las diferentes bacterias colonizarían los cadáveres en tiempos determinados. A pesar de los esfuerzos de Arpad para encontrar dicha asociación, el trabajo no dio los resultados esperados. Sin embargo, Arpad encontró que los líquidos, subproducto de la descomposición bacteriana, tenían una composición química que variaba a lo largo del tiempo. Además, parecía que dicha variación, se conservaba al comparar cuerpos diferentes. Tomando como referencia unos determinados ácidos grasos volátiles, Arpad pudo desarrollar una especie de reloj forense, analizando estas sustancias en las muestras del suelo, se podía aproximar el tiempo que esa persona llevaba muerta.

En 1993, la escritora Patricia Cornwell, a la que Bass había conocido con anterioridad, se puso en contacto con él para hacerle una sugerencia científica: ¿qué señales o marcas tendría un cuerpo cuando comenzaba a descomponerse y cuántas de esas señales permanecerían después de trasladar el cuerpo a otro lugar? Bill Bass utilizó las instalaciones de la Universidad para llevar a cabo este experimento científico-literario. La propia escritora visitó las instalaciones tomando numerosas notas durante el tiempo que duró la experiencia. Al año siguiente, volvieron a encontrarse en el Congreso de Anual de Ciencias Forenses y Patricia le dijo que ya tenía título para su libro, se llamaría La Granja de Cuerpos (The body farm), Bass se sintió profundamente orgulloso. El libro fue un superventas y puso en el ojo del huracán las investigaciones de Bass para el gran público. Por suerte o por desgracia, Bill Bass acababa de alcanzar la fama. La repercusión tuvo consecuencias, algunas positivas, ya que esa repercusión mediática provocó un aumento en el número de cuerpos donados para la causa: otras negativas, pues también atrajo a los medios carroñeros sensacionalistas.

En 1994, Tyler O’Brian comenzó sus estudios sobre la descomposición de cuerpos sumergidos o flotantes. O’Brien estudiaba una sustancia llamada adipocira, una sustancia viscosa, cerosa, que recubre los cuerpos encontrados en lugares húmedos como lagos, ríos, etc. O’Brien dispuso tres fosas impermeabilizadas y un cadáver en cada lugar. El estudio finalizó a los cinco meses, descubriendo que dicha capa de adipocira era de 5-7 centímetros por encima y por debajo del agua. Durante estos meses, O’Brien hizo un trabajo minucioso sacando numerosas fotos y grabaciones en vídeo. En uno de los visionados de las cintas, una periodista quedó horrorizada por las imágenes y comenzó una campaña de difamación al afirmar que veteranos de guerra se pudrían en las instalaciones del doctor Bass. Hay que señalar que, en EEUU, el tema de los veteranos de guerra es una cuestión muy sensible y en seguida se levantaron voces en contra de las instalaciones: la segunda oleada de protestas acababa de llegar a la granja. Para rematar la problemática, el Canal4 emitió una serie documental de cuatro episodios, llamada “Últimos derechos”, en la que se denunciaba el maltrato que se daba a los cuerpos de honorables veteranos de guerra que, por circunstancias de la vida, acababan sus días como vagabundos y sus cadáveres cedidos a la investigación por las autoridades. Finalmente, el Presidente de la Comisión de Veteranos de Guerra convenció a varios miembros de la Asamblea Legislativa para que se presentara una ley destinada a prohibir la investigación con cadáveres no identificados. Si la ley era aprobada, sería un golpe casi definitivo para La Granja de cuerpos, ya que muchos de los cuerpos de las investigaciones proceden de esta fuente. Por suerte, la comisión votó en contra, 5 a 1, y la proposición de ley fue rechazada.

En la actualidad, el doctor Bill Bass sigue ejerciendo su labor investigadora, divulgadora y escribiendo varios libros sobre el tema de la antropología forense.

Anotaciones relacionadas:
·William Bass: el granjero de cadáveres (I/III)
·William Bass: el granjero de cadáveres (II/III)

Toda la información fue obtenida de la recomendable lectura, La Granja de cadáveres de Bill Bass, Alba Editorial, ISBN: 84 8428 234 1