Las leyendas urbanas son relatos contemporáneos que contienen elementos inverosímiles, pero se presentan como crónica de hechos reales sucedidos en la actualidad. Este tipo de rumores modernos también ocurren en las zonas rurales. Es más, me atrevería a decir que su origen está, precisamente, en las zonas rurales, y las leyendas urbanas no son más que adaptaciones modernas del mismo fenómeno.

La mayoría de las leyendas rurales tienen algunos elementos comunes: suelen estar relacionadas con el mundo animal o vegetal; siempre corrobora la historia una tercera persona, ya sea un familiar, un amigo de un amigo; cada zona tiene una serie de leyendas propias y algunas leyendas son de carácter universal. Algunas de las que conozco son viejas, me las contaron de niño; otras son más modernas o se adaptan a los tiempos.

· Las salamandras tienen una mordedura venenosa.
Los animales que reptan son, generalmente, odiados en las zonas rurales, a pesar de los múltiples beneficios que aportan. Estos animales me fascinaban de pequeño, pero en la aldea no podían entender que me gustasen tanto. Además, siempre me contaban que su mordedura venenosa era muy dolorosa. Siendo pequeño e influenciable, empecé a mirar a aquellos animalillos con otros ojos. Años después, descubrí que las salamandras no tienen dientes que puedan inocular ningún veneno. Aunque es cierto, que detrás de la cabeza posee dos glándulas que rezuman una sustancia tóxica, que en algunos casos puede provocar irritaciones en la piel o las mucosas.
· Las salamandras resisten el fuego. Esta es otra de esas leyendas que nos contaban cuando éramos pequeños. Unos amigos (también escritores de este blog) y yo, decidimos comprobar esta afirmación, en plan, Cazadores de mitos infantiles. Para comprobar si era cierto, no se nos ocurrió mejor cosa que hacer un fuego en un cubo de metal y achicharrar a unas pobres salamandras incautas. Por supuesto, no sobrevivió ninguna. Se cayó un mito y un poco de nuestra inocencia al ver cómo se achicharraban los pobres bichos.
El origen de esta leyenda rural puede estar en la mitología medieval europea, donde se decía que era un animal que habitaba en el fuego. Además en ocasiones se la veía salir del fuego, ya que pueden esconderse en viejos troncos húmedos; su piel, siempre húmeda, puede que la protege levemente del calor intenso durante breves períodos de tiempo, pero, por supuesto, no es capaz de sobrevivir al fuego.
· Los sapos te podían dejar ciego con su meada venenosa. De nuevo, estos animalillos rastreros en el centro de atención. Esto me lo decía mi abuela de pequeño para que no me acercara a ellos.
De nuevo, el hecho de que tenga alguna sustancia tóxica en su piel ha elevado la meada del sapo al rango de meada mortífera.
· El moquillo se cura extirpando un gusano debajo de la lengua del perro. Esta es una de las leyendas más controvertidas y sigue siendo motivo de agrias disputas.
La enfermedad, comúnmente llamada moquillo, está producida por un paramixovirus muy contagioso y que, en un alto porcentaje de casos, es mortal. Los síntomas clínicos son muy variados y no son casi nunca definitivos, por lo que es necesario un análisis clínico más profundo. Hasta el momento, sólo algunos compuestos parecen ser útiles para tratar la enfermedad y lo mejor es siempre vacunar, para prevenir. Sin embargo, en el ambiente rural es común conocer a alguien que es capaz de curar a un perro afectado de moquillo, con una simple incisión debajo de la lengua y extrayendo al «gusano» causante de la enfermedad. Curiosa forma de tratar una enfermedad vírica.
El origen de esta leyenda lo desconozco, pero dado la difícil sintomatología de la enfermedad, es muy probable que la enfermedad no sea en realidad el moquillo, si no otro tipo de infección que se cura prácticamente sola. El «gusano» que se extirpa puede ser el frenillo de la lengua edematizado.
· Repoblaciones masivas con «alimañas». Posiblemente esta sea una de las leyendas más extendidas por la geografía española y que cada año circula de nuevo, añadiendo nuevas especies, siempre malas. El método es casi siempre el mismo: una avioneta o un helicóptero, amparados en la oscuridad de la noche, se dedica a tirar desde el aire toda una diversidad de animales: escarabajos de la patata, piojos, ratones, serpientes… En los casos de animales mayores, las sueltas se hacen desde el suelo en furgones, camiones, remolques, y los animales favoritos son jabalíes, corzos. En los últimos años en Galicia, la liberación de animales grandes llegó al éxtasis, cuando accedieron al gobierno autonómico PSOE y BNG, ya que estos indeseables empezaron a soltar lobos que la Xunta tenía en criaderos en determinadas zonas. También resultaba chocante, cuando en los años 80 se intentó hacer el Parque Natural en Ancares, los habitantes de la zona se opusieron rotundamente al plan, porque no veían con buenos ojos que llenaran la zona con ¡elefantes y leones africanos!
El origen de estos rumores es posiblemente el absoluto desconocimiento de la dinámica de las poblaciones naturales. Cuando los paisanos observan un aumento de una especie determinada, lo achacan directamente a la intervención humana, sin darse cuenta de que las especies suelen estar relacionadas en complejas redes tróficas y que los desequilibrios en el hábitat puede dar lugar a estos cambios en las poblaciones.
· La desaparición de las abejas y los parques eólicos. Esta es una de las últimas que han llegado a mis oídos. En la zona donde vivo, algunos vecinos se quejan de que las colmenas cada vez están más vacías y que muchos enjambres desaparecen sin dejar rastro. A pesar de los numerosos trabajos sobre la desaparición de las abejas y que pueden achacar este declive a hongos, virus, pesticidas,.., finalmente la culpa parecen tenerla unos cuantos molinos de viento situados a más de cinco kilómetros. Resulta curiosa esta relación, cuando apenas a unos metros de sus colmenas todos los años fumigan con productos tóxicos sus plantaciones.