1. Perdidos es una serie sobredimensionada. El otro día un amigo me decía que la serie estaba sobrevalorada, y no estoy de acuerdo, es una muy buena serie. Pero quizás no sea una serie para todo el mundo. Hay que estar un poco familiarizado con la ciencia ficción y con el lenguaje cinematográfico moderno. Como ejemplo, la película Memento, no todo el mundo estaba preparado para ver una trama tan compleja y contada de ese modo.

2. Perdidos es una serie excesivamente exigente. Pasan tantas y tantas cosas durante estos seis años, que uno pierde perspectiva y le falta memoria suficiente para retener todos los detalles. De ahí, que alguno pregunte que hacía ese perro en la escena final… El espectador necesita hacer sus deberes y nada mejor que internet para hacerlo.

3. Perdidos es una de las primeras series influenciadas claramente por internet. Fue capaz de crear una especie de mundo paralelo (¡otro más!) en torno a la serie. De hecho, internet fue el complemento perfecto para especular y desarrollar teorías. Además, gracias al trabajo de muchos seguidores salieron a la luz, cosas que para la mayoría estaban pasando desapercibidas.

4. Perdidos es un fenómeno mediático. Los tres primeros puntos, confluyen en este. Fue capaz de atraer a todo tipo de gente. Un poco porque todo el mundo hablaba de ella y un poco porque en los ambientes 2.0, no puedes quedarte al margen de un fenómeno así. Al final se genera un movimiento retroalimentado que sobredimensiona todavía más el fenómeno.

5. Perdidos tiene una calidad técnica envidiable. Hasta la fecha muy pocas series se habían atrevido a rodar de esta forma, en espacios naturales abiertos, con una multitud de protagonistas inimaginable. Sin duda habrá un antes y un después de Perdidos, y de hecho en los últimos años hemos visto un resurgimiento de series que nadie imaginaba hace diez años.

6. Perdidos tiene tantos y tantos detalles minúsculos que la hacen una obra épica, de la que se seguirá sacando información durante bastante tiempo. Hay, además, innumerables referencias cruzadas en todas las temporadas, guiños que a los seguidores nos encantan. En muchas ocasiones me recordaban a Stephen King y ese universo que hay en toda su literatura, cuando encuentras una de esas referencias algo toca el interior de tu alma.

7. Perdidos cuida el entorno creado. Todo lo que rodea a la trama(s) principal(es) está muy cuidado. Los personajes son maravillosos y es gracias a esto, que es capaz de mantenerse las seis temporadas. Los personajes son carismáticos, todos nos importan, y eso se echa de menos en otras series de los últimos años. Otro aspecto fundamental, sobre todo en las primeras temporadas, son los finales musicales. Música de calidad, que conseguía transmitir la emoción justa en el momento adecuado.

8. Perdidos tiene un excelente final. Ya sé que ha sido bastante criticado, pero ¿se te ocurre un final mejor? Perdidos no podía acabar de cualquier manera y ningún final podría dejar satisfecho a todo el mundo, eso es imposible. Es un final que exige, de nuevo, mucho del espectador. Ha conseguido que pensemos en él, busquemos información, explicaciones, es decir, un final coherente con el desarrollo de la serie. Es cierto, que han quedado temas abiertos o poco solucionados, pero ¿importa de verdad, saber toda la verdad y nada más que al verdad?

9. Perdidos no ha acabado. Sí, es cierto, que ha habido un capítulo final, pero la serie continua, y eso es algo que sólo las grandes obras pueden hacer. Ahora que conocemos el final, es posible que necesitemos revisar el resto de temporadas, y al igual que la serie debamos cerrar el círculo. Nosotros también somos alfa y omega.

10. Perdidos provoca el síndrome del vacío. Desde que ha acabado la serie y he visto el final he buscado mucha información, he visto bastantes videos, he buscado la melodía del final. Digamos que ha dejado una especie de vacío interior. Sólo recuerdo una sensación parecida, y de nuevo el Sr. King sale a escena. Después de más de veinte años esperando, un día leí, entre lágrimas, el final de la saga de La Torre Oscura, y la sensación es la misma: un placentero vacío. De hecho lo escrito aquí, es una especie de exorcización, un modo de quitarse de encima el maldito síndrome.