En 1978 con la llegada de la democracia, se abolió la pena de muerte de nuestro país y con ella se fue una de las grandes tradiciones españolas: el garrote vil.
El garrote vil, fue la máquina de matar usada preferentemente en España desde 1820, hasta casi finales del siglo XX. La máquina estaba compuesta por una columna de madera, un asiento, para mayor comodidad del reo y un aro de hierro que se colocaba en el cuello y que, tras ser apretado, provocaba la muerte del ajusticiado. El garrote vil fue el sustituto de la horca, un medio que, por aquel entonces (principios de siglo XIX), era considerado demasiado cruel. El garrote, bien ejecutado, comprime y rompe la apófisis de la vértebra axis y produce una muerte instantánea. Pero, como buen invento español, la realidad puede ser muy distinta, pues si el reo tiene una complexión fuerte o el verdugo no tiene la fuerza suficiente, la muerte se produce por asfixia y puede demorarse varios minutos.
Sea como fuere, esta tradición de fuerte arraigo popular, también fue defendida por una parte importante de la intelectualidad de la época, como, por ejemplo, el profesor Don Benjamín Garot i Vill, en cuyo tratado El arte del garrote, se hace una verdadera defensa de la máquina, valorando, por encima de todo, la nobleza que aporta al condenado el hecho de morir sentado. El artilugio sirvió, incluso, de inspiración para que el escritor y poeta toledano Juan de la Garrocha Villena, perpetrara su poemario Ensoñaciones a la sombra del garrote. Como muestra, el poema titulado Plácidamente, que refleja, como ninguno, los requiebros de la vida, los reflejos oníricos de la sordidez insondable del alma humana, en fin, un poema lleno de sensibilidad y arte:

A garrote vil, a garrote vil
así murió,
plácidamente, a garrote vil.
Su última cena
bacalao al pil pil
así murió,
plácidamente, a garrote vil

El clímax de las manifestaciones artísticas tuvo lugar el 2 de abril de 1973 cuando el artista iconoclasta Manuel G. Arrote (Oviedo,1953; †Aranjuez abril de 1973), pionero de las perfomances en España, llenó el Palacio de la Música de Aranjuez para representar, “Agarrotado“, su obra culmen, llena de tragedia, pasión y lucidez que resaltaba los aspectos más positivos de la Humanidad.
Con estos ejemplos queda claro, que la pena capital con garrote vil tenía un elevado apoyo popular y que fue defendida y sirvió como inspiración a buena parte de la intelectualidad española de mitad del siglo XX.
Sin embargo, tampoco podemos olvidar el aspecto socioeconómico de la actividad. Según se recoge en el Anuario de Verdugos y Sayones (Ministerio de Justicia, pp.35-54), en 1964, el garrote vil generaba mil puestos de trabajo directos y varias decenas de miles de empleos indirectos. El Sindicato de Verdugos (SV) y La Asociación de Carpinteros del Garrote (ACG) manifestaron su rechazo frontal al cese de la actividad del artilugio, pues varios cientos de familias quedaban desamparadas. Esta situación llevó a ambos colectivos a convocar una huelga, que fue la primera huelga a la japonesa en España. Los frutos, sin embargo, no fueron los deseados, ya que en aquellos momentos no había suficientes reos para llevar a cabo tan arriesgada acción. En el momento álgido de la protesta, Antonio López Sierra, inició una huelga de brazos cruzados en medio de una ejecución, el reo tardó en morir 2 días y cuatro horas. Fue la vuelta de tuerca definitiva para que el garrote vil fuese abandonado para la aplicación de la pena capital.
Posteriormente, los partidos conservadores organizaron las protestas ciudadanas que culminaron con la gran manifestación de Madrid en 1978, con el lema: “Que no se extingan los verdugos. Salvemos el garrote”.
Todas las protestas, manifiestos y declaraciones no sirvieron para nada, y el garrote vil fue eliminado para siempre de España.

Por si alguien lo dudaba, este relato es satírico y tiene mucho que ver con este otro: Golpe a la tauromafia.