zapatos luminosos

Sentado en el miraguano,
empujando el cielo con el cielo, empujando el suelo con la tierra,
desplegando la espiración a todo lo largo y ancho
de la imaginaria membrana de tensión que separa el ser del no-ser,
he ido tejiendo poco a poco estos zapatos de luz
para pasear al otro lado del espejo,
donde, abrazadas, forma y reflejo anhelan
-sí, todavía anhelan- unos zapatos oscuros,
para cuando llegue el día de caminar por la luz.