El hombre sin títulos
Lin-chi les dijo a sus monjes: “Un hombre que no tiene títulos vive por encima de su cuerpo físico, y entra y sale a través de las puertas de vuestro rostro. Los que no han visto esto, ¡descubridlo ahora mismo!” Un monje se levantó y preguntó: “¿Quién es un hombre sin títulos?”. Lin-chi, de repente, se bajó de su silla, agarró al monje por el cuello de su hábito y gritó: “¡Habla, habla!”. El monje se quedó atónito por un momento y Lin-chi lo abofeteó : “Este hombre sin títulos no sirve para nada”.
Comentario de Nyogen en su traducción de La flauta de hierro publicada en castellano por Edaf.
“Este hombre sin títulos está más allá de los sexos, no es hombre ni mujer. No es ser ni es no-ser. No es rico ni pobre. Ni es listo ni tonto. No es joven ni viejo. No es un hijo de dios ni un hijo del demonio. Lin-chi dijo que el hombre sin títulos vive más allá de su cuerpo físico, pero no os dejéis engañar por el monje. Este hombre sin títulos es de carne y hueso, así pues, no supongáis que está más allá de eso.
Tenemos cinco puertas en la cara: los ojos, los oídos, la nariz, la boca y la piel. Vemos la forma y el color con los ojos; escuchamos sonidos por los oídos; olemos olores con la nariz; degustamos sabores con la boca y percibimos sensaciones con la piel. Creemos que existen cinco mundos: el visual, el del oído, el olfativo, el del gusto y el táctil, y transmitimos la impresión que recibimos por cada uno de ellos utilizando distintos nombres. Lin-chi considera estas frivolidades como simples trucos de este hombre sin títulos y así hace referencia a que entra y sale a través de esas puertas. El zen se presenta ante este hombre sin títulos, cara a cara. Los que se lo encuentran una vez, nunca lo olvidarán. Aceptarán la validez de la afirmación de Lin-chi sin ninguna duda.
Lin-chi creó al hombre sin títulos delante del monje que hizo la pregunta, pero el zen del monje no estaba suficientemente maduro. Otros monjes, mirando al hombre sin títulos de esta obra de teatro de un acto, disfrutaron de ello. Los que fracasan son los mártires de la historia de las enseñanzas, pero podemos resucitarlos en cualquier momento. La luz del dharma brilla para siempre en las diez direcciones”.
Abstractonautas
Autor: Iamato

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