Tag : agricultura

Written on may, 22, 2014 by in , | 1 Comment.

Cuentan que el filósofo y agricultor o, mejor dicho, el agricultor y filósofo Pierre Rabhi vio, hace muchos años, como chocaban dos camiones en una autopista francesa y la mercancía que transportaban quedaba desparramada sobre el asfalto.
Puedo imaginarme su sorpresa cuando al acercarse sólo pudo ver tomates.
Tomates por todas partes.
La sangre que cubría el negro asfalto estaba formada por la roja pulpa de miles de tomates esparcidos casi de forma cuántica.
Tomates cultivados en Cataluña que viajaban hasta las tierras norteñas de Holanda.
Tomates cultivados en Holanda que eran transportados hasta las mediterráneas tierras de Cataluña.
La sangre del capital y de la idiocia humana esparcida en una carretera francesa.

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Written on may, 22, 2012 by in | 2 Comments.

Willi y su inseparable amiga Maya, están aterrados, y no es para menos.

Antecedentes
Desde que Fray Rosendo Salvado introdujese la planta en Galicia en 1860, la masa arbórea de las zonas costeras gallegas ha sido colonizada de forma masiva por un invasor procedente de Oceanía. Pero fue, cómo no, el franquismo, el gran impulsor de la plantaciones masivas de eucaliptos en las zonas costeras de Galicia, la cornisa Cantábrica y el suroeste andaluz. Estas zonas son como pequeñas sucursales australianas, sólo nos faltan los canguros (¿o no?. Además de esa llegada irregular de canguros, era cuestión de tiempo que llegase también una de sus principales plagas, un pequeño gorgojo, Gonipterus scutellatus, que se alimenta de los brotes tiernos y que con los predadores alejados en las antípodas, campa a sus anchas en los ¿montes? gallegos. Una de las soluciones para hacer frente a esta plaga vino desde la industria química. La empresa alemana BASF comercializa uno de los venenos más utilizados para combatir al insecto, el flufenoxurón, un principio con nombre que asusta, pero que se comercializa con el más amigable de Cascade. Por suerte, existe la posibilidad de aplicar la lucha biológica, pues el gorgojo, en su estado natural, es decir, Australia, tiene un parásito, la avispa Anaphes nitens, que controla de algún modo las poblaciones de dicho gorgojo y que ha sido probado con éxito. Esta lucha biológica fue la apuesta que se hizo en 2010 desde la propia Xunta de Galicia.

Sin embargo, en los últimos tiempos las cosas parecen haber cambiado y de forma radical.
Por un lado, la Unión europea no permite que el flufenoxurón se pueda seguir empleando para el control de insectos. Según la UE, el compuesto es bioacumulable en la cadena alimentaria, tiene un elevado riesgo toxicológico para los organismos acuáticos y evidentemente ataca a otros insectos, entre ellos, a la avispa parasitaria encargada de controlar las poblaciones y, por supuesto, a las abejas.
Por otro lado, ASPAPEL, la Asociación Española de Fabricantes de Pasta, Papel y Cartón, promueve y pide los permisos necesarios para realizar una fumigación masiva con Cascade en numerosas áreas de Galicia para intentar erradicar la plaga.
Además, la Xunta de Galicia, abandona el plan de lucha biológica para permitir la fumigación de miles de hectáreas negando la toxicidad de un producto que será retirado este mismo año, precisamente por eso, por ser tóxico.
Para rematar el despropósito, la propia UE prohíbe desde 2011 las fumigaciones aéreas (excepto en casos excepcionales), precisamente el método elegido por ASPAPEL y permitido por la XUNTA.
Queda claro que en todo esto hay intereses ocultos. Por una lado BASF, eliminará los stocks de Cascade que ya no puede vender, aplicándolos en la República Bananera de Galicia, una forma muy rentable de quitarse un problema de encima. ASPAPEL va a ahorrar un montón de dinero saltándose una normativa europea. Las empresas de fumigación aérea se frotan las manos porque ya pensaban que no podrían trabajar. Y ¿la Xunta?, ¿qué saca en limpio la Xunta?
Menos mal que la respuesta ciudadana ha estado a la altura y la plataforma contra la fumigación entregó ayer lunes casi 100.000 firmas en contra de estas acciones, esperemos que el sentido común se imponga y las abejas, otros insectos y los propios habitantes de las zonas afectadas pueden estar tranquilos.

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Written on abr, 09, 2012 by in | 4 Comments.

Después de muchos años de darle vueltas al asunto, por fin, me he decidido a comprar un invernadero para complementar la producción de la huerta. El uso de un invernadero es esencial en zonas donde el clima no permite que ciertas plantas se desarrollen de forma idónea.
En mi caso, el invernadero servirá para “asegurar” la producción de ciertas plantas cuya producción depende en demasía de las condiciones ambientales del exterior. Por ejemplo, la producción de tomates suele complicarse en verano por un exceso de humedad y falta de calor que, al final, suele acarrear problemas de hongos en las plantas y la consiguiente pudrición de los frutos. Además, servirá para intentar sacar adelante algunas variedades de pimientos, cultivar berenjenas, melón, sandía…

Lo que más me preocupa es la dificultad de hacer las rotaciones, ya que tomates, pimientos y berenjenas pertenecen a la misma familia. También será un reto, controlar sin usar medios químicos, la aparición de enfermedades fúngicas, favorecidas por las altas temperaturas del interior del invernadero.
De momento, tengo organizado el interior en pequeños bancales, rellenados con una mezcla de tierra, arena y mucho mucho compost. Espero que el próximo fin de semana empiece a albergar las nuevas plantas.





En fin, un nuevo reto (y trabajo) que añadir al cultivo de la huerta familiar ecológica.

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Written on nov, 07, 2011 by in | Leave a comment

El futuro lleva estando en el campo desde el primer momento en el que una mujer comenzó a recoger algunas semillas y, siguiendo los pasos de aquellos pájaros despistados comenzó a sembrarlas. Aquella mujer fue una de las impulsoras de una revolución humana sin precedentes, sin embargo, también plantó, sin saberlo, una de las semillas del capitalismo. Durante generaciones, los hombres siguieron plantando y transformando aquellos vegetales silvestres, para hacerlos más productivos, más sabrosos, mejor adaptados a las condiciones del nuevo hábitat de una huerta. Ellos plantaron la semilla de la propiedad privada, los excedentes producidos podían cambiarse por otras materias primas, una incipiente red comercial empezaba a consolidarse.

Han pasado cientos de generaciones y las sucesivas revoluciones se alejaban cada vez más del campo para hacerse más urbanas, hasta el punto que la penúltima revolución rural estuvo cocinada en la ciudad y en los despachos de la universidad. La revolución verde acabó con el idilio hombre-naturaleza, para convertir el campo es una gran industria de producción masiva.

Después del shock inicial y las falsas promesas de prosperidad o la ilusión de alcanzar la utopía de acabar con el hambre en el mundo, el medio rural anestesiado entre subvenciones, precios de miseria o la presión de las grandes corporaciones, está empezando a salir de ese sueño resacoso. Cada vez más agricultores vuelven al viejo anhelo de vivir del campo de una forma más natural, pero para ello hay que romper cadenas. Las cadenas de las grandes superficies que imponen su productos inmaculados que saben a plástico; las cadenas de los mayoristas, que imponen sus prácticas mafiosas para conseguir, siempre, los máximos beneficios; las cadenas de los productores de semillas que sólo quieren vender sus productos asesinando la biodiversidad; las cadenas de unos compradores embrutecidos por la publicidad que si no compran bajo el calor de una gran superficie, se congelan entre temblores de oniomanía, demasiadas cadenas para la mayoría.

Por suerte, algunos han empezado una pequeña revolución. Una revolución que con suerte se convertirá en un árbol robusto y fuerte, a pesar de nacer como una semilla que con un poco de agua y calor pudo brotar; indefensa en un principio, pero que con los años se endurecerá, dando lugar a ese árbol poderoso que aguanta en pie la peor tempestad.

La revolución es sencilla, romper las cadenas: no comerciar con grandes superficies que no sabrán apreciar, esos sabrosos frutos desiguales que en sus inmaculadas estanterías no podrán colocar; no tratar con mayoristas, el beneficio para quien lo trabaja, el especulador, que rompa la baraja; no comprar a los monopolios de semillas, la naturaleza no se patenta, es una batalla perdida; no vender a compradores compulsivos que ahorran unos céntimos en su comida para gastarlos de forma masiva como si en ello les fuera la vida.

La revolución es sencilla, hay que establecer nuevas reglas, nuevas normas. Establecer cooperativas de pequeños productores, al margen del mercado, que puedan vender directamente su producto, sin ofertas, sin anuncios, sin engaños, sólo producto de calidad. Establecer auténticas redes ciudadanas entre productores y consumidores, las cooperativas también tendrían espacio para los compradores, es necesario que todos se involucren. Esa implicación provocaría que el consumidor tome conciencia de dónde viene lo que come y el agricultor a dónde va lo que produce. Esa nueva e inédita relación sólo puede desembocar en justicia. Justicia en los precios, justicia social, justicia ambiental, responsabilidad.

Los primeros pasos se empiezan a dar, en muchos lugares están empezando a surgir esas pequeñas cooperativas, capaces de abastecer a pequeñas comunidades. El camino es largo, pero la semilla que dio origen al árbol más viejo del mundo no tuvo prisa en germinar ni en crecer, y su fuerza es imparable.

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Written on mar, 24, 2010 by in , | 8 Comments.

Recientemente la Comisión Europea ha dado luz verde a la llamada Iniciativa Ciudadana Europea, lo que permite que, si se reúnen al menos un millón de firmas, de al menos nueve estados miembros, se puedan proponer, directamente a la Comisión Europea, iniciativas de interés ciudadano en un ámbito de competencia de la UE. El movimiento global Avaaz se ha propuesto reunir ese millón de firmas para pedir la prohibición de transgénicos mientras no se realicen las investigaciones necesarias que garanticen sin ningún tipo de dudas su seguridad para la salud de las personas y del medioambiente.

A nivel personal añadiría que, aún siendo seguros los transgénicos, deberíamos promover y cuidar la biodiversidad de los cultivares a nivel mundial, pero de eso ya hablamos en otras ocasiones.

Recuerda que es una iniciativa ciudadana, no vinculada a partidos políticos, si no a intereses ciudadanos, hagamos que Europa escuche más a sus ciudadanos que a los intereses corporativistas. Si quieres unirte a ese millón de voces firma la propuesta en Alimentos transgénicos: primero la evidencia.

+info sobre transgénicos en Zentolos.

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