Una docena de joyas de la Warner

La compañía Warner Bros cumple 85 años y propone, a través de la revista Fotogramas, un concurso para elegir la mejor película de la compañía. Personalmente, nunca participo en estos concursos, sospecho que es una forma barata de dar mis datos personales. Sin embargo, no me resisto a publicar mis doce joyas de la lista que se propone:

· Luces de ciudad (Charles Chaplin, 1931).

· Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939).

· Casablanca (Michael Curtiz, 1942).

· Luz que agoniza (George Cukor, 1944).

· La gata sobre el tejado de zinc (Richard Brooks, 1958).

· Con la muerte en los talones (Alfred Hitchcock, 1959).

· 2001: Una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968).

· La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1972).

· Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975).

· Blade runner (Ridley Scott, 1982).

· Sin perdón (Clint Eastwood, 1992).

· Los puentes de Madison (Clint Eastwood, 1995).

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Autor: Lughnasad

Sin comentarios

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Puede que fueran experiencias como esta las que llevaron a John Locke, famoso personaje de una seria de televisión (para muchos, LA SERIE) a pasarse toda una temporada diciendo eso de:

No me digas lo que no puedo hacer

Sinuoso

Sinuoso

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Autor: Lughnasad

El hechicero

Como cada año, Mahamadou Mbuto regresó a su tribu, que como cada año estaba esperando que su hechicero volviese con nuevas visiones y relatos legendarios. La gente de la tribu no sabía cómo conseguía Mahamadou tener esas maravillosas visiones, lo único que sabían era que, Mahamadou se internaba en el desierto sin fin, con apenas unos pellejos de agua, algo de carne de gacela seca y sus raíces de iboga. Al cabo de 6 meses exactos, el pueblo mataba alguno de sus corderos, invitaba a músicos de los alrededores y esperaba pacientemente a que Mahamadou regresara de nuevo. Y Mbuto nunca defraudaba a su tribu y regresaba fielmente a su cita.

En la noche de llegada Mahamadou solía reunir a todo el pueblo y contar una de sus historias. En esta ocasión la historia fue la siguiente:

Cuentan los ancianos que más allá del desierto sin fin se encuentra el lago de la muerte. Un lago salado enorme que muy pocos hombres han llegado a cruzar en sus barcas y ninguno ha vuelto para contar las maravillas que se encuentran a la otra orilla. Pero esta noche, esos secretos os serán revelados. Mahamadou, el que viaja más allá, os contará cómo es el país de los espíritus. Más allá del lago salado habitan unas tribus compuestas por hombres y mujeres blancos, de pelos lisos, de aspecto débil, pero que gracias a su sabiduría han logrado crear cosas que no imagináis.

La tribu se encontraba expectante, sabían de la destreza de Mahamadou para contar historias y la de hoy, seguramente pasaría de boca en boca durante años.

Esas tribus de gente blanca viven en chozas, de materiales tan resistentes que un hombre no es capaz de atravesarla con su flecha y que aguantaría sin problemas la embestida del elefante. Son chozas grandes, incluso más grandes que las lovoas del bosque.

La gente gritó de excitación, eran incapaces de imaginar una construcción más grande que las lovoas, pero Mahamadou los estaba transportando a esos lejanos parajes que existían únicamente en su cabeza.

En el interior de las chozas tienen toda clase de artilugios asombrosos. No tienen que andar un paseo de cebra para traer agua, sólo con girar un palo mágico, el agua brota de la nada. Agua fresca y pura del mejor manantial. La comida surge de la nada, abren sus pellejos y siempre están repletos de comida, nunca arriesgan la vida para cazar, tal es la magia que emplean. Las gentes se comunican entre chozas gracias a piedras mágicas que llevan los sonidos de un lugar a otro. Han domesticado a animales desconocidos aquí. Unos son pequeños y los usan como medio de transporte para la familia, otros son enormes y viajan familias enteras. Incluso he visto pájaros gigantes domesticados…

La tribu estaba maravillada, era el mejor relato que habían escuchado nunca. Unos pensaban que este año la cosecha de iboga era especialmente potente, otros achacaban el éxito exclusivamente al hechicero, sin duda, el mejor de las últimas generaciones. El relato continuó el resto de la noche y el amanecer puso, al fin, término a la historia de la tribu más allá del lago salado.

Al día siguiente Mahamadou hizo la rutinaria visita choza por choza para alejar los malos espíritus que siempre acechaban, esperando cualquier oportunidad para castigar a los hombres. Como buen hechicero, siempre llevaba los remedios en su bolsa de cuero, piedras blancas para las fiebres, líquido rojo de las raíces de plantas para la tos, polvos extraídos de las hojas para la quemazón. La tribu sabía que contaba con uno de los mejores curanderos que habían tenido jamás.

Pasaron los seis meses y Mbuto se preparó para otro viaje a través del desierto para lograr conocimientos al alcance de muy pocos. El último día, como de costumbre, era el momento de la adivinación y las visiones de Mahamadou no eran, este año, halagüeñas e intentó preparar a la tribu para tiempos difíciles, para tiempos de cambios.

Cogió sus pellejos de agua, su carne de gacela, las raíces de iboga y emprendió el viaje. La tribu al completo lo acompañó con gritos y cánticos hasta los confines de los territorios seguros. Mahamadou se giró y dio el primer paso de una larga travesía, mientras los cánticos se perdían en la lejanía, el rostro de Mahamadou estaba empapado por amargas lágrimas, las últimas lágrimas que derramaría en tierras africanas.

-Manolo, joder, atiende a lo que haces. Esa pared está torcida, es que no lo ves.
-Sí señor, es que me da miedo la altura, respondió Mahamadou.
-Me da igual, pon bien esos ladrillos y déjate de hostias que no estás en África de vacaciones.

Mahamadou, Manolo para sus jefes, se desplomó esa misma tarde del Edificio Atalaya. Cayó de la altura de 2 alovas y ni su magia ni su espíritu de hechicero lograron salvar su vida.

Seis meses después, una tribu africana se prepara para celebrar la fiesta de bienvenida al mejor hechicero que tuvieron jamás…

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Autor: Lughnasad

Adiós, mente

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Apuesta tu vida a la locura,
pues esta cordura hecha de rutinas
acabará por volverte loco.
Funde todas tus creencias más arraigadas,
forma con ellas un sólido yunque,
átalo al cuello de la mente que pretende ser tú,
y arrójalos a las profundidades de tu sí mismo real.
Entonces, libre de nuevo,
contempla la luz brillar como antaño.
En el límite entre la nube y la no-nube,
la luz del sol se desnuda ante nosotros
y nos muestra la paleta con la que pinta el mundo.
En el límite entre la mente y la no-mente
la luz de tu auténtico yo se desnuda ante sí misma,
y el material de la creación aparece con claridad.

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Terrazas de arroz

Terrazas arroz

Sin duda las terrazas de arroz son un paisaje espectacular. Situadas sobra la ladera de una montaña le van robando su superficie palmo a palmo, metro a metro. En algunos lugares, como en Banawe, al norte de Filipinas han sido declaradas por la UNESCO patrimonio cultural mundial.

Las terrazas que aparecen reflejadas en esta fotografía (cuyo autor desconozco) pertenecen al paradisíaco paisaje de Bali. Que a pesar de décadas de turismo masivo (y a veces incontrolado) ha sabido salvaguardar rincones de estremecedora belleza.

En cierta ocasión tuve la fortuna de contemplar personalmente la espectacularidad de un paisaje así. Fue como una balsa de aceite en medio de la vorágine que dominaba las zonas más transitadas de la isla. A duras penas podía creer lo que estaba viendo y casi en trance me senté bajo la generosa sombra de un árbol que parecía puesto allí a propósito para regocijo de unos ojos ávidos de belleza. La escena no podía ser más bucólica.

Un habitante de la isla, atareado en sus labores pasaba por el camino que tenía a mi espalda. Me miró y con la eterna sonrisa que caracteriza a la población de esta isla me dirigió unas palabras. Por supuesto, fui incapaz de entender lo más mínimo, pero por alguna razón supuse que estaba compartiendo conmigo la belleza del paisaje, supuse que me había dicho algo así como: Impresionante, ¿verdad?.

Mientras me levantaba a toda prisa y me alejaba gesticulando como un poseso con mucha menos calma que con la que había llegado, una de las personas con las que me encontraba y que hacía las veces de traductor intentaba aclararme que lo que el lugareño estaba tratando de decirme era más o menos: ¿pero qué haces?, ¡Levántate inmediatamente de ahí!. ¡No ves que estás sentado encima de un hormiguero!…

La traducción, por desgracia para mí, llegaba demasiado tarde…

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Autor: Josemi

Esta misma semana, hace un año.

Calendario

Breve reseña de lo acontecido en Zentolos en esta misma semana del pasado año.

Entre los días 30 de abril y 6 de mayo de 2007 hablábamos, entre otras cosas, de:

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Autor: Zentolos

Despertando…

despertando

Insisten una y otra vez
los viejos cuervos:
abandona cuerpo y mente
Abandonados cuerpo y mente,
¿dónde tomar refugio?
Regresando a la totalidad,
lugar que nunca habíamos abandonado.
¿Cómo es posible regresar
a un lugar que nunca has abandonado?
Es como… despertar,
tras un largo sueño.

Zentolos 500

Poco a poco, pasito a pasito, Zentolos ha alcanzado el post número 500. En realidad es un número más bien modesto, y además no significa nada más allá de la extraña afinidad que casi todos tenemos por los números redondos. Sin embargo los que formamos parte de este proyecto no podemos negar que nos hace una cierta ilusión.

También nos da la oportunidad de agradecer de nuevo la colaboración, apoyo y críticas de todos aquellos que de un modo u otro han aportado su granito de arena en la construcción de este espacio, personal y global a la vez.

Seguiremos. Sin metas, sin intención, tan sólo disfrutando cada instante, saboreando cada paso del camino, contemplando de reojo ese horizonte donde se fusiona lo humano y lo divino. Procurando compartir perlas heterogéneas para mentes inquietas

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Autor: Zentolos

Huellas

La mente se asoma al abismo de la existencia pura

huellas

y regresa sin nada especial que contar


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