S.C.: El precio de las cosas

Un productor de plátanos llega al mayor mercado de Panamá y vende 14.000 kilos de fruta por 500$.
Un gorrilla en la zona vieja de la capital panameña, se saca de 30 a 40 dólares por noche.
Luego se sorprenden de que los jóvenes no quieran dedicarse a la agricultura.

Visto en Callejeros viajeros Panamá

El hombre que plantaba árboles

carballoRecientemente ha salido publicado en la prensa, que un hindú llamado Chandra Bhushan Tiwar, conocido como el hombre árbol, había plantado 50.000 árboles y que su objetivo era llegar a los 100.000. Tiwari comenzó su labor hace 17 años por amor a la naturaleza, abandonó su trabajo de profesor de escuela y comenzó a plantar semillas. Al principio, sus vecinos lo tomaron por loco, pero en la actualidad le ayudan económicamente para comprar las semillas. Tampoco ha abandonado totalmente su actividad docente, pues da clases a los niños más pobres de su localidad, a cambio de que planten una semilla cerca de su casa.

Este hombre me recordó a la premio Nobel de la Paz en 2004, la keniata Wangari Muta Maathai, que con su organización, Cinturón Verde, fue capaz de plantar unos 30 millones de árboles en África. En sus propias palabras: “la siembra de árboles ralentiza la desertización, preserva los hábitat forestales para la vida salvaje y proporciona una fuente de combustible, materiales de construcción y comida para futuras generaciones, lo que supone una ayuda para combatir la pobreza“.

Ambos, me recordaron el relato corto del francés Jean Giono, El hombre que plantaba árboles escrito en 1953, que narra la historia de un hombre que perdido por unas áridas tierras, se encuentra de casualidad con, Eleazar Bouffier, un hombres solitario, que ha dedicado toda su vida a plantar árboles día tras día. Tras años y años de labor, el protagonista vuelve a la zona y se percata del gran cambio que había provocado la labor de Bouffier, no sólo en el terreno si no también en las gentes que habitaban la zona. En los años 80, Frédéric Back hizo un mediometraje de animación basado en dicho cuento.

Puedes leer el cuento en el foro de permacultura.
Puedes escucharlo narrado por la sugerente voz de Lara López en Biogeocv.
Puedes verlo divido en tres partes en youtube.

Recuerda el proverbio hindú: “El que antes de su muerte ha plantado un árbol, no ha vivido inútilmente” o las palabras de Martin Luther King: “Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol”.

El falso fracaso de la agricultura ecológica

Recientemente he podido leer la siguiente anotación El desafortunado fracaso de la agricultura orgánica de Javier Castellanos a la que accedí a través de esta otra en el blog de Félix Maocho El fracaso de la agricultura ecológica.
No puedo estar más en desacuerdo con los razonamientos que se señalan hacia el supuesto fracaso de la agricultura ecológica, e intentaré dar mi visión al respecto de alguno de esos puntos ya que son argumentos utilizados frecuentemente.

En primer lugar no comprendo cuál es el objetivo de estos ataques, en mucho casos furibundos y con pocos argumentos, que provienen de ciertos grupos de presión, algunos de los cuales están vinculados a la industria de la biotecnología. Siempre me ha sorprendido, por ejemplo, que los defensores de los transgénicos ataquen este tipo de agricultura.

La agricultura ecológica no es una simple aplicación de unos principios y prohibiciones, conlleva también una forma de ver la vida que queda recogida formalmente en una disciplina científica que se denomina agroecología. Como su nombre indica, la agroecología pretende estudiar el fenómeno agrícola en su conjunto, desde el punto de vista ecológico, no confundir con el punto de vista ecologista, la ecología es una rama de la Biología que estudia los ecosistemas, es decir, estudia los seres vivos, sus relaciones, su diversidad, las interacciones entre ellos y con el ambiente, el medio físico y, sorprendentemente, incluye al ser humano y las variables sociales, económicas y medioambientales; el enfoque agroecológico considera a los ecosistemas agrícolas como las unidades fundamentales de estudio. En este sentido, la agricultura clásica busca la explotación de los recursos, la maximización de los beneficios, la atomización del cultivo como un ente productor aislado; por el contrario, la agroecología estudia cómo cambiar ese paradigma para hacer una agricultura holística y multisistémica donde todo está relacionado. La agricultura no puede estar separada de los bosques que la rodean, de los animales que viven en sus cercanías, del componente humano (social, económico, cultural), la agricultura debe estar integrada en el todo.
El principal argumento esgrimido por Javier Castellanos es que la agricultura ecológica está basada en planteamientos equivocados desde el inicio, siendo el principal, la prohibición del uso de abonos químicos de síntesis. Esto acarrea una serie de lastres que hacen que la agricultura ecológica sea una panacea, cara y elitista.
Intentaré rebatir estos argumentos:

· La agricultura ecológica es una panacea, es una utopía.
Según Castellanos “ni en todo el mundo, hay cantidades suficientes de abonos orgánicos para abastecer ni siquiera una parte del nitrógeno requerido por la agricultura“. Esta es la típica visión de la agricultura como un sistema independiente, alejado de otros sistemas, en el que lo que interesa es alimentar a cada planta como si estuviese en un medio aislado. La visión agroecológica es clara, integremos la agricultura en otros sistemas. Simplemente como ejemplo, ¿cuántas toneladas de residuos orgánicos se generan al día en las explotaciones ganaderas? ¿cuántas miles de toneladas de residuos orgánicos generamos cada día en nuestros hogares? Simplemente, debemos provocar un cambio de paradigma: algo que ahora llamamos basura, que en la mayoría de los lugares se entierra o se incinera, podría ser una fuente casi inagotable de materia orgánica; integremos la agricultura en los sistemas de reciclaje; la basura como materia prima; veamos la materia orgánica en sus diferentes estados como un todo. Desconozco si esa materia orgánica sería suficiente para abastecer a toda la agricultura, pero seguro que nos ahorraríamos toneladas de abonos químicos.
Lo que no es una panacea son los abonos químicos, su uso indiscriminado provoca que el suelo pierda su estructura, pierda incluso su nombre y simplemente sea tierra que sirve de sostén a las plantas, carente de vida. ¿Cuántas hectáreas han sido abandonadas por la agricultura clásica por que ya non dan más de sí, aunque apliquemos más y más abonos? ¿cuántas hectáreas de tierras de labradío se han convertido en desiertos funcionales?
La utopía describe una comunidad o una sociedad idealizada, mejor que la que nos ha tocado vivir. Que la agricultura ecológica busque la utopía de un mundo mejor nunca debería ser un defecto, ¿qué sería de un mundo sin utopías?
· La agricultura ecológica es cara.
Porque prohíbe el uso de los inocuos fertilizantes inorgánicos y obliga a los agricultores a usar fuentes orgánicas que, en la práctica son muy caros, difíciles de aplicar y cuyo uso no es rentable para los agricultores“.
El encabezado es cierto, los productos de la agricultura ecológica son más caros que la agricultura clásica. Sin embargo las razones son diversas, y la principal no es la carestía de la materia orgánica.
Es más cara por que el agricultor ecológico recibe más dinero por su producto, no se encuentra sobreexplotado por las distribuidoras y comercializadoras de los alimentos que pagan precios ridículos en origen para poder mantener sus estratosféricos beneficios y unos precios relativamente bajos para el consumidor. Como decía, la agroecología también tiene en cuenta el factor humano, y en este caso se busca la plusvalía en el agricultor no en el intermediario. Los canales actuales de distribución son diferentes al producto convencional. Sin embargo, en los próximos años creo que este factor cambiará, y a la larga el productor ecológico se verá involucrado en el mismo sistema explotador que el agricultor convencional.
Otro factor que incrementa el precio es la menor producción y mayor esfuerzo laboral de las explotaciones ecológicas. Este menor rendimiento obliga a aumentar los precios para compensar la diferencia. Sin embargo, lo producido presenta una mayor calidad que lo producido en agricultura convencional.
Desde un punto de vista global, la agricultura convencional resulta mucho más cara para la sociedad en general, pues habría que incluir los gastos medioambientales que este tipo de prácticas provoca: salinización de los suelos, desertificación, aumento de la erosión, contaminación en la síntesis de los abonos químicos, el abandono del rural ante la presión de un sistema de producción altamente competitivo, los millones de euros en subvencionar la agricultura…
· La agricultura ecológica es elitista.
Este argumento no puede faltar nunca. Es el típico argumento repetido hasta la saciedad que acaba por creerse. Está en la misma línea de “el cazador es el que de verdad se preocupa por el medioambiente”, o “el toro no sufre porque es un animal bravo”…
Es un argumento que intenta levantar una barrera invisible entre consumidores, estableciendo una categoría despectiva, cuando precisamente los consumidores de productos ecológicos suelen ser consumidores responsables, interesados en la procedencia del producto, en la forma de elaboración, etc. Para mí es elitista comer caviar, beber champán francés de 100€ la botella, cenar en un restaurante exclusivo de lujo, o conducir un Mercedes de 50.000€, la agricultura ecológica no es elitista.
Admito que llevar una vida exclusivamente basada en el consumo de productos ecológicos es prohibitiva (nada que ver con elitista), sin embargo, eso no implica que podamos incluir numerosos productos ecológicos en nuestra cesta de la compra. De la misma manera que sabemos que hay automóviles que tienen diferentes calidades y por tanto diferentes precios, los productos de agricultura ecológica tienen una mayor calidad y un mayor valor añadido que hay que pagar.

Para acabar estas reflexiones, Javier Castellanos, elogia el hecho de reducir la carga de fitosanitarios y se pregunta qué tan lejos hubiéramos llegado, si hace 20 años la agricultura orgánica hubiera promovido una agricultura libre de pesticidas químicos, en lugar de satanizar a los fertilizantes“. Sinceramente no entiendo a qué se refiere, la agricultura ecológica desde hace mucho más de 20 años ha promovido la agricultura libre de pesticidas. Da la impresión de que el señor Castellanos abogue por una especie de híbrido entre la agricultura ecológica y la convencional, una agricultura que permita un uso más racional de pesticidas y abonos químicos, pero eso ya existe y se denomina agricultura integrada, que tiene su propio consejo regulador y sus propios logotipos, eso ya está inventado.

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Autor: Lughnasad

Bombas, granadas, bombas de racimo y semillas

Hace muchos años un agricultor japonés inició la senda del cultivo natural y sus principios, provocaron una revolución ideológica y filosófica en la forma de cultivar. Este agricultor, fallecido el año pasado a los 95 años de edad, era Masanobu Fukuoka. Sus principios agrícolas poseen una fuerte carga filosófica pues están íntimamente relacionados con el budismo, el zen, el wu-wei (no-hacer o hacer nada). Promovió la idea de observar la agricultura como un todo y no como la suma de las partes aisladas. Sus ideales aparecen recogidos en un libro titulado A one-straw revolution (La revolución de una brizna de hierba o la menos sugerente La revolución de un rastrojo).
Además de estas innovaciones, Fukuoka también desarrolló un sistema para sembrar en lugares con riesgo de erosión o desertificación, aunque puede ser empleado en cualquier circunstancia. Su método, posiblemente basado en prácticas seculares, se denomina seed balls o bolas de arcilla, y consiste en mezclar una variedad de semillas, desde árboles hasta gramíneas, con tierra y arcilla. Se mezcla todo y se hacen unas bolas que se dejan secar. Posteriormente las bolas se dispersan por el terreno. Al ir encapsuladas en tierra y arcilla, son resistentes a períodos de sequía y al ataque de animales. En el momento que empiece a llover, es decir, en condiciones óptimas, la arcilla de deshará con el agua de lluvia y las semillas quedarán en el exterior para poder germinar.

En el siguiente vídeo se puede ver el proceso de hacer bolas de arcilla [EN; 28:41].



Basadas en esta idea genial, han ido apareciendo, en los últimos 30 años, iniciativas interesantes:
· Seed bombs (bombas de semillas). Las bombas de semillas son una técnica para introducir vegetación en lugares áridos o inhóspitos. Consiste en un terrón de tierra comprimida que incluye semillas y que puede ser arrojada a distancia sobre un terreno.
En el siguiente vídeo podemos observar cómo se hace una bomba de semillas [EN;2:30].



· Seed grenades (granadas de semillas). Las granadas de semillas es una variación de la técnica anterior. Este término fue empleado por primera vez por Liz Christy en 1973. La primera versión, consistía en un condón relleno de agua, fertilizante, y semillas de girasol. La idea era lanzarlos, como si fuese una granada, en los solares abandonados de Nueva York a los que estaba prohibida su entrada, de este modo se podía sembrar, evitando problemas legales. Posteriormente los condones fueron sustituidos por adornos navideños o globos.

· Bombas de racimo de semillas. Una de las tecnologías más deleznables, al servicio de la reforestación y el medio ambiente. Sustituyendo las mortíferas bombas por cápsulas que contienen un poco de sustrato y semillas. La cápsula, realizada con materiales biodegradables, sirve en las primeras fases como protección y mini invernadero, que se degrada con la propia humedad generada por la transpiración de la planta.

Anotación fertilizada por este post: Bombas de racimo para sembrar plantas visto en Microsiervos.

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Autor: Lughnasad

Microhuertas urbanas

La belleza de la huerta irrumpe en el mundo urbano.
En algunos lugares, la crisis está provocando que aparezcan soluciones imaginativas para intentar paliarla de algún modo, aunque sospecho que en el fondo son medidas muy poco efectivas.
El Concello lucense de Guitiriz ha decidido transformar algunos de los parterres ornamentales públicos en pequeñas microhuertas urbanas. De este modo se ahorran el gasto en las plantas de temporada y las plantaciones hortícolas pueden ser aprovechadas por la ciudadanía. Ojalá la gente sea respetuosa con estos microespacios y tome de ellos lo que necesite. Será, sin duda, un buen test de educación ciudadana.

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Autor: Lughnasad

Transgénicos

La técnica del ADN recombinante constituye la base para la creación de los organismos transgénicos. Esta técnica consiste en la incorporación de un fragmento de ADN foráneo en una molécula más pequeña, como por ejemplo, un plásmido bacteriano. En ese plásmido se incorpora el gen de interés y un marcador que permite comprobar si la inserción se ha producido con éxito o no. Ese marcador suele ser un gen de resistencia a un antibiótico, como por ejemplo, la kanamicina. Una vez insertado el plásmido con el gen y el marcador en la célula correspondiente, esta se hace crecer en un cultivo celular hasta obtener una planta completa, convertida en un nuevo ser, en un transgénico.

El primer organismo transgénico se obtuvo en el año 1973, al conseguir que la bacteria Escherichia coli portase un gen de la salmonela. En 1978 se fundó la primera empresa que empleó esta tipo de técnicas, Genentech empezó a producir insulina en un cultivo bacteriano de E. coli.

Son, pues, los transgénicos producto de la Ingeniería Genética, de ahí que en ocasiones se denominen también Organismos Modificados Genéticamente (OMG o GMO en inglés). Esta definición puede llevar a confusión y de hecho, los defensores de esta tecnología se han encargado de sembrar dudas, argumentando que organismos modificados genéticamente han existido desde que el hombre fue capaz de domesticar la primera planta mediante el uso de la selección artificial. Además el término OMG es menos descriptivo y más neutro que transgénico.

Comercialmente, esta técnica ha sido empleada de forma sistemática en la obtención de nuevos cultivos que presenten una serie de mejoras en relación al cultivo original. La idea es poder introducir en el genoma de un cultivo un gen de otra especie que le confiera algún tipo de ventaja frente a los cultivos tradicionales. Estas ventajas son variadas y citaremos algunas de las más importantes:

· Plantas resistentes a los herbicidas. El cultivo de la soja se transformó profundamente cuando se consiguió introducir un gen de resistencia al glifosato, un herbicida ampliamente utilizado. El planteamiento es brillante, si el cultivo es resistente, se puede aplicar el herbicida que acaba con las malas hierbas y deja intacto el cultivo de interés. De este modo se elimina la competencia por los nutrientes que provocan las adventicias.

· Otro de los problemas en las grandes plantaciones es la merma de productividad que provocan las larvas de muchos insectos. Se sabe que la bacteria Bacillus thurigiensis, bien conocida por los agricultores ecológicos, produce una serie de proteínas que agujerean el tubo digestivo de las larvas. Resultaría muy interesante que la propia planta fuera capaz de generar dicha toxina. Esto se consiguió al introducir el gen Bt en el cultivo, sobretodo en el maíz o el algodón.

· También se han conseguido cultivos que sean capaces de suministrar nutrientes al ser humano que antes no producían. El caso más conocido es el del arroz dorado, un cultivo capaz de sintetizar vitamina A, que ayudaría a paliar las deficiencias de esta vitamina en muchos lugares de la tierra.

· Otros avances significativos han sido conferir cierta resistencia a las heladas, resistencia a las sequías o a ambientes salinos.

Sobre el papel, los transgénicos representarían una revolución sin parangón en la agricultura, similar quizás a la propia domesticación de los primeros cereales. Del mismo modo que la Revolución Verde de los años 60 prometió acabar con el hambre en el mundo, las multinacionales de la Ingeniería Genética han vendido la invención como la panacea, que abastecerá de comida a las nuevas generaciones, acabando de una vez por todas con la lacra de la hambruna. Parece claro, pues, que estos nuevos cultivos tienen una serie de ventajas que los harían muy útiles tanto para los agricultores como para la sociedad en general. Así que, ¿por qué generan tanto rechazo?

Esta cuestión no es fácil de abordar por que en el tema de los transgénicos se entremezclan numerosos intereses de difícil conciliación: políticos, agrarios, medioambientales, salud humana, científicos y por encima de todos ellos, los intereses económicos. Como casi siempre, el dinero y el poder empresarial emponzoñan un debate que debería de ser abierto y plural.

Entre las objeciones principales realizadas a estos productos están las siguientes:
· Para implantar los cultivos, algunas multinacionales han rozado actitudes mafiosas, obligando a firmar contratos abusivos que obligan al agricultor a plantar durante años las semillas y, curiosamente, a usar productos exclusivos que la propia empresa comercializa y pagar una tasa adicional por superficie plantada.
Otro factor importante sería la obligación de etiquetar los productos transgénicos como tales, ese oscurantismo ha puesto a la opinión pública en contra, que quiere decidir por sí misma el consumo o no de estos productos.
Algunos científicos con estudios contrarios a los intereses de las multinacionales han visto como su trabajo y su reputación era destrozada hasta acabar con su carrera científica (p.e. el Dr. Arpad Putzsai, el relato de los hechos puedes leerlo en El caso del Dr. Putzsai; [PDF; 48KB]; también puedes consultar el texto resumen Alimentos Genéticamente Modificados: ¿Son un Riesgo para la Salud Animal o Humana?).

· Aplicar el principio de precaución. Deberían hacerse estudios completos e independientes que certifiquen que son inocuos para la salud humana. Estos estudios suelen durar años e implicar a miles de personas. A veces se tiene la sensación de que son productos poco evaluados y analizados.
En este sentido, es interesante destacar las prudentes recomendaciones de A. Dona e I.S. Arvanitoyannis en su artículo Riesgos para la salud de los alimentos modificados genéticamente (ver resumen del artículo en inglés) en el que destacan que: “muchos estudios sobre alimentos transgénicos indican que pueden causar algunos efectos tóxicos tales como problemas hepáticos, pancreáticos, renales o en la reproducción y pueden alterar los parámetros hematológicos, bioquímicos o inmunológicos. Sin embargo, son necesarios muchos años de investigación con animales y ensayos clínicos para una correcta evaluación“.

· Una de las principales causas de su rechazo es el posible impacto en el medioambiente. Desde el principio, las empresas garantizaban que no habría problemas de cruzamiento de las plantas transgénicas y las convencionales. Esto se ha demostrado falso y en muchas zonas, sobretodo en cultivos de maíz, se están produciendo contaminaciones masivas con polen de plantas transgénicas. Esta contaminación tiene múltiples e insospechadas repercusiones, ya que en los orígenes y centro de diversificación de los cultivos (p. ej. el maíz en México) “los pequeños agricultores obtienen sus semillas de sus propias reservas o de otros agricultores, este práctica crea un sistema abierto de semillas sujeto a procesos de deriva genética, flujo génico y selección, en el que el hecho de introducir transgenes puede provocar consecuencias difíciles de predecir” (ver artículo completo; Transgenes in Mexican maize…; [PDF, 524KB].
Otras consecuencias son la difusión del gen [EN] de la resistencia a los herbicidas.
La contaminación también puede afectar, por ejemplo, a los cultivares ecológicos, de modo que al analizar la producción se detecta la presencia de transgénicos en un cultivo donde están prohibidos. Finalmente, la producción ecológica pasa a ser declarada como convencional con las consiguientes pérdidas para el agricultor ya que el producto convencional tiene un precio inferior.

· Los cultivos Bt no sólo afectan a las larvas de los insectos dañinos, afectan a larvas de otras especies. Por ejemplo, se han citado casos de especies en peligro de extinción que se van afectadas por estos cultivos (ver los trabajos [EN] de Bela Darvas para la prohibición del maíz MON810). En este caso, de nuevo surgieron prácticas poco éticas, ya que Monsanto negó más semillas al Dr. Darvas para ampliar su estudio y este finalizó de forma abrupta.

· Otros estudios relacionan el cultivo de maíz Bt y la pérdida de enzimas y microorganismos edáficos en los suelos donde se cultiva algodón Bt en relación a suelos cultivados de forma convencional. Las conclusiones [EN] del estudio son evidentes: descensos notables de Actinomicetos y bacterias y de enzimas como las deshidrogenasas, ácido fosfatasas y nitrogenasas. El estudio completo de la organización Navdanya: Effect on soil biological activites due to cultivation of Bt Cotton ([PDF, 48KB].

· La pérdida de biodiversidad y la soberanía alimentaria. La pérdida de biodiversidad en los cultivos agrarios es un evento que se viene observando desde mucho antes de la aparición de los transgénicos. En el último siglo se han perdido miles de variedades menos productivas, pero que pueden presentar características que puedan ser necesarias o útiles en el futuro (puedes ver algunos ejemplos en La bóveda global de semillas de Svalbard en Zentolos). La aparición de los transgénicos daría el golpe de gracia a esta diversidad, ya que los agricultores presionados por las multinacionales y por su propia supervivencia, no tendrían más remedio que cultivar este tipo de productos.
Esta actitud también acabaría con su soberanía alimentaria, su libertad para plantar esta o aquella semilla. Los agricultores adheridos a este sistema, están obligados a comprar la semilla todos los años, en ciertos casos a plantar determinadas cantidades, a usar los herbicidas de la empresa, a pagar un canon por superficie plantada. Finalmente el agricultor se convierte en un empleado más de la empresa que le suministra la semilla, estando a su completa disposición y arbitrariedad.

Para acabar esta extensa y profunda revisión de los transgénicos no puedo dejar de señalar la, ya mítica, batalla de David contra Goliath: el caso Percy Schmeiser.
Percy Schmeiser es un granjero canadiense que ha tenido desde hace años un duro litigio contra la multinacional Monsanto. Esta empresa, que curiosamente, es líder mundial de la venta del herbicida Roundup (glifosato) acusó a Schmeiser de plantar, propagar y vender un cultivo transgénico sin permiso de la empresa. El señor Schmeiser llevaba más de 40 años plantando, experimentando y seleccionando semillas de colza en sus propiedades. Cierto día Schmeiser usó Roundup para matar unas malas hierbas en un extremo de su propiedad y descubrió asombrado que algunas plantas de colza habían sobrevivido al tratamiento. Posteriormente usó, a modo de experimento, el Roundup en una zona de cultivo, y el 60% de las plantas de colza no se veían afectadas por la aplicación del herbicida. En el momento del almacenamiento de la semilla, como todos los años, Schmeiser guardó su propia semilla y semilla de esas plantas resistentes. Al año siguiente, utilizó una parcela para plantar exclusivamente esa semilla resistente. Monsanto denunció a Schmeiser por plantar semilla patentada de forma intencionada infringiendo una serie de leyes. Schmesier siempre negó este hecho y alegó que habían llegado de forma accidental a sus parcelas. En los primeros juicios Monsanto siempre ganó sus demandas. Schmeiser, por consejo de sus abogados, destruyó todas sus semillas, incluso las que había seleccionado durante más de 40 años. Estas primeras victorias pusieron en alerta a toda la comunidad campesina, pues las contaminaciones podían ser frecuentes y accidentales y el culpable sería el agricultor. Finalmente, el año pasado ambas partes alcanzaron un acuerdo extrajudicial en el que Monsanto asumía la culpabilidad de la contaminación, pagó las daños causados por la retirada manual de las plantas contaminadas y concedió a Schmeiser la libertad de hablar del tema en público, en intentos anteriores de llegar a un acuerdo, Monsanto exigía el silencio absoluto de Schmeiser y la imposiiblidad de ejercer nuevas acciones legales en el futuro.

Como colofón, el documental El Mundo según Monsanto de Marie-Monique Robin



Lecturas de interés:
· Nuevas pruebas de la peligrosidad de productos genéticamente modificados
· Monsanto
· Guía roja de los alimentos transgénicos
· Alemania prohíbe el uso del maíz MON810
· Manifestación contra los transgénicos en Zaragoza.

Una huerta orgánica en la Casa Blanca

casa-blanca

Daniel Bowman y Casey Gustowarow son los responsables del proyecto The WHOFarm (The White House Organic Farm), o lo que es lo mismo, crear en los jardines de la Casa Blanca un huerto orgánico.
Su manifiesto se basa en 6 sencillos puntos:

Artículo I: Los agricultores
Niños de las escuelas públicas y los estadounidenses con discapacidades trabajarán en la Granja ecológica de la Casa Blanca, para que sea un ejemplo para el mundo de aprendizaje práctico y que fomente una ética independiente de trabajo al estilo “haz lo tú mismo”.

Artículo II: Los consumidores
La cosecha de la Granja orgánica de la Casa Blanca proporcionará alimentos frescos para el Presidente, su familia y sus distinguidos invitados. Además, también proporcionará alimentos sanos a los programas de almuerzo escolar y de alimentos en Washington, DC.

Artículo III: La entrega
La producción de la Granja Orgánica de La Casa Blanca será entregada a las escuelas públicas y los almacenes de alimentos por voluntarios a pie o en bicicleta, con un costo neto de cero a los contribuyentes.

Artículo IV: Semillas
Los agricultores ecológicos de la Granja Orgánica de La Casa Blanca, plantarán una mezcla diversa de semillas que provienen de la granja de Thomas Jefferson en Monticello y semillas donadas por agricultores y jardineros, para celebrar la riqueza de las tradiciones agrícolas de la Oficina del Presidente y la pasión de los estadounidenses por trabajar su tierra fértil y abundante.

Artículo V: El suelo
La Granja Orgánica de La Casa Blanca utilizará tierra vegetal sana, abonada con compost procedente de los restos del jardín y los residuos alimenticios de los tres estamentos del gobierno federal: la Casa Blanca, el Capitolio de Estados Unidos y la Corte Suprema de los Estados Unidos.

Sin duda, sería un impulso importante para la difusión de las huertas ecológicas.
¿Sería posible que en España, la Casa Real, en los terrenos de todos los españoles hiciese algo parecido?

Más información en The WHOFarm [EN].
Para apoyar la campaña puedes firmar la petición.

Soutar, rebusca o espigueo

Comentaba hace tiempo una actividad bien conocida, por ejemplo, en Francia, que consistía en la recolección de los restos de la cosecha. La película Los espigadores y la espigadora, recoge esta faceta en el país vecino. La pregunta en aquella entrada era si en España esa actividad era común y estaba reconocida.

Ha pasado el tiempo y recientemente, en una conversación familiar, le pregunté a un tío mío, agricultor y ganadero, si conocía esta actividad. Efectivamente, en Galicia era, y sigue siendo en algunas zonas, una tarea relativamente frecuente. Cuando los dueños de una finca, acababan de recoger, por ejemplo, las patatas o las mazorcas de maíz, siempre quedaban en el campo piezas sin recoger. A partir de ese momento, se permitía la entrada de gente para que recogiesen esos restos, generalmente gente muy pobre que no tenía tierra suficiente para sonbrevivir. También es frecuente recoger la fruta o las castañas que el viento ha tirado. Esa actividad se denomina en gallego soutar y en castellano rebusca, y así aparece recogido en el DRAE, rebusca: “fruto que queda en los campos después de alzada la cosecha, y particularmente el de las viñas“.

En el resto de España parece que es una actividad también ampliamente desarrollada y se pueden ver referencias muy antiguas a dichas prácticas, por ejemplo, en Agricultura General de Gabriel Alonso de Herrera de 1516 o en Lecciones de Agricultura de Antonio Sandalio de 1816.

En cada zona, la actividad de la rebusca estaba ligada al tipo de cultivo mayoritario en esa localidad. Por ejemplo, en la zona de Lugo, era habitual ir a la rebusca de patatas, maíz, castañas o frutas. En otras zonas, se rebuscaban uvas, aceitunas, arroz… Por ejemplo, en Andalucía era muy frecuente la rebusca de la aceituna, asociada como en otras partes a la pobreza de la gente. Así se cita, que: “en 1884, el paro era tan alarmante en Torreperogil que las gentes se tuvieron que dedicar a la rebusca de la aceituna para subsistir” (Historia de Torreperogil; [PDF; 450KB]).

A pesar de ser una actividad bien enraizada, a mediados del siglo XIX en España se prohibió por ley, la rebusca o espigueo en propiedad privada. El Código Penal prohibió la actividad en 1848, y en 1850 pasó a ser considerada como delito merecedor de prisión (Fuente: Rosa Congost, “La gran obra de la propiedad” [RTF; 27KB]). A partir de ese momento, la rebusca quedó regulada a través de bandos del Ayuntamiento o por Ordenanzas Rurales. En esos bandos se permitía el espigueo, siempre que el dueño de la finca lo permitiese y los rebuscadores debían estar registrados y guardar una serie de normas de estricto cumplimiento.
Con todo, y debido a la pobreza de los rebuscadores, la actividad se mantuvo socialmente y sigue estando vigente y regulada, como se puede ver en el Diario Oficial de Almería que recoge una circular de la Delegación del Gobierno en Andalucía [PDF; 2,26MB].

Para más información puedes consultar un libro dedicado al estudio del espigueo desde el punto de vista histórico y legal titulado La pervivencia de instituciones consuetudinarias del derecho Civil Valenciano de Francisca Ramón Fernández y que puedes previsualizar gracias Google Books.

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Autor: Lughnasad

La primera cosechadora

Cierto es que, la Historia la escriben los vencedores; de los vencidos, se cuenta poco o se cuenta mal.
El Imperio Romano llamó bárbaros a todos aquellos pueblos que no eran romanos y construyó una imagen de pueblos guerreros, salvajes e incultos, cuya imagen perdura hasta la actualidad.
Un ejemplo, relacionado con la agricultura, fue el desarrollo de una máquina que fuese capaz de separar el grano del cereal de la paja. Entre las ventajas de dicha maquinaria estaban una mayor efectividad separando el grano y el ahorro en mano de obra.
Fue Plinio El Viejo, el que, en el año 70 de nuestra era, describió una máquina, que llamó Gallic Vallus, del siguiente modo: “un burro empuja desde atrás una estructura con dos ruedas, que en la parte delantera tiene una serie de dientes, los granos caen dentro de ese armazón”.


Reconstrucción de la Gallic Vallus. Imagen tomada de (1)


Este invento que pudo revolucionar la agricultura europea fue desarrollado por unos de esos pueblos bárbaros e incultos: los celtas del norte de Francia, más conocidos como Galos.
Curiosamente el invento no llegó a popularizarse por diversas razones, entre ellas, que era técnicamente imperfecta y los profundos cambios ocurridos en el propio Imperio Romano, que propiciaron que la máquina quedase en el olvido, hasta el siglo XVIII.
Gracias a la descripción de Plinio El Viejo y a los relieves encontrados en Buzelon y Arlon (Bélgica), que se guardan en el Museo Arqueológico de Luxemburgo se ha podido hacer una reconstrucción de la máquina.


Relieves encontrados en Buselon y Arlon. Imagen del Museo Arqueológico de Luxemburgo


En 1980, P.J. Reynolds hizo una réplica de la Gallic Vallus dentro del proyecto de la reconstrucción de una granja antigua, la conocida como Butser Ancient Farm [EN] en Inglaterra.

Información obtenida de:

· (1) Development of Stripper Harvesters: A Review. (1998). Tado y colaboradores. J. Agric. Engng Res. 103-112pp.
· The celtic reaping machine. (1983). Reynolds, P.J. Bulletin of experimental archeology 3.

Si quieres saber más puedes leer el excelente post History of Gallic reaper de Petr Chuksin [EN]

Actualización 23/1/2009
Gracias al comentario de Haz de Luz, añado unas fotos que, por un despiste, no puse en el post original.

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Autor: Lughnasad

Compost: no tan nuevo

Una de las primeras dudas que aparece cuando inicias una huerta ecológica es cómo vas a conseguir un abono de calidad y ecológico. La respuesta es fácil: haciendo tu propio compost.
Sin embargo suele ser habitual que mucha gente del campo, al desconocer el término compost piense que estás haciendo algo muy moderno, muy raro y muy de ciudad. Como anécdota contaré que cuando monté mis 3 montones de compost con unos viejos palets, me preguntaron si estaba haciendo un gallinero. A lo cual contesté que no, que hacía abono. La respuesta, contundente, fue: Ah, estás haciendo abono ¿¡artificial?!
A pesar de esta creencia el compost es algo conocido y usado desde hace tiempo. Como ejemplo, el anuncio de la Compañía Madrileña de Mejoras Urbanas: “Agricultor revitaliza tus tierras usando un producto obtenido a partir de la fermentación de las basuras de Madrid...”

compost antiguo


Sacada de la Revista Agricultura, en torno al año 1930.

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Autor: Lughnasad


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