NooScaphe

El uso de dispositivos artificiales de uso sexual y lúdico es tan antiguo como la propia humanidad. Arqueólogos e historiadores se han ido encontrando a lo largo de la historia con gran variedad de instrumentos dedicados a esos fines, fabricados con piedra, madera, cuero e incluso boñiga seca de camello recubierta de barniz.

Desde antiguo se consideraba el masajeado de la zona genital con un dedo usando aceite de lirios o similares como un eficaz remedio para la cura de los desordenes psiquiátricos en el género femenino. Las mujeres, apenas consideradas como seres sexuales hasta bien entrado el S. XX, acudían a sus médicos a recibir este tipo de tratamientos contra la histeria (supuesta enfermedad descrita por los griegos como “útero ardiente”), el cual les permitía alcanzar un “paroxismo histérico” que les aliviaba sus males.

El médico británico Joseph Mortimer Granville, en la década de 1880, ante la avalancha de solicitantes de esta terapia, estaba cansado de aplicar el tratamiento manualmente (tal y como se había hecho durante milenios) y decidió construir un aparato electrodoméstico que facilitara su labor.

Tras los lógicos avances, su uso se popularizó y su uso fue pasando paulatinamente de un uso médico a lúdico, especialmente a partir de la década de 1920, fecha en la cual comenzó a aparecer en películas pornográficas. Aparece publicitado en numerosos medios con eslóganes tan pintorescos como “todos los placeres de la juventud vibrarán dentro de ti”, “El secreto de la juventud se ha descubierto en la vibración” o “La vibración es la vida”, y se desarrollan modelos que funcionan con corriente eléctrica, gas o a pedales. Algunos modelos incluso llegaron a traer un recambio adaptable que lo convertía en una batidora (¡!).

Mucho ha llovido desde entonces y la tecnología, que no permanece ajena a nada, ha cambiado sustancialmente el modo de hacer las cosas. Siempre ha habido algún visionario que entendió que la sexualidad lúdica alcanzaría cotas hoy no imaginables. Como ejemplo recordar la hilarante escena de sexo entre Sandra Bullock y Sylvester Stallone en Demolition Man (1993); Gigolo Joe, el androide gigoló que interpeta Jude Law en Inteligencia Artificial (2001), la película de Spielberg o a Jander Panell, el robot marido de Gladia Delmarre en Los robots del amanecer (1983), de Isaac Asimov.

Todavía queda un largo camino para alcanzar esas excelencias técnicas. Sin embargo hoy día existen ya sobre la mesa una serie de propuestas bien concretas, basadas en lo que se conoce como tecnología háptica, es decir, la capacidad de trasladar el tacto (o en general el conjunto de sensaciones no visuales ni auditivas) a distancia mediante una serie de interfaces más o menos sofisticados.

Quizá la propuesta más espectacular sea la que propone el escritor de ciencia ficción Yann Minh, que ha creado la máquina que podemos ver en la imagen y que lleva por nombre NooScaphe-X1. Esta máquina se define como un simulador de inmersión sexual en el que podremos tener sexo a distancia y consta de diez programas diferentes de inmersión, para lo cual dispone de tres equipos de vibradores adecuados a ambos sexos.