La Agricultura Ecológica es un sistema de cultivo, que se caracteriza por emplear diferentes prácticas culturales como pueden ser el abonado orgánico, la rotación y asociación de cultivos, mínimo laboreo, acolchado y la prohibición del uso de química de síntesis y organismos modificados genéticamente. Estas prácticas tienen como fin la mejora de la tierra y del entorno y no del cultivo directamente lo que implica un cambio importante de mentalidad en el agricultor.

El abonado orgánico mejora la estructura de la tierra, la fauna y flora edáfica, como consecuencia, se producirá una mejora en la producción, salud y sabor de las plantas.

La rotación de cultivos trata de evitar el cultivo de la misma especie o especies de la misma familia en la misma parcela durante años consecutivos, esto evita que aparezcan enfermedades provocados por hongos o nematodos. Además la rotación debe incluir el cultivo de plantas con diferentes necesidades nutricionales a lo largo de los años.

La asociación de cultivos se basa en cultivar diferentes plantas juntas, por que crecen mejor así que separadas. También intenta un aprovechamiento más eficaz del espacio.

El laboreo se reduce al mínimo, intentando simular las condiciones de un bosque, donde la materia orgánica (abono) se incorpora en superficie, esto mejora la estructura, la fauna y la flora del suelo.

El acolchado o cubrir la superficie con restos orgánicos (hierba, hojas, etc.), sirve para el control de adventicias, protección de los rayos directos del sol que afectaría a la microflora del suelo, evita que se pierda humedad con el consiguiente ahorro de agua, y sirve como abono.

Filosóficamente, podríamos decir que la agricultura biológica, si Iamato me lo permite, actuaría a nivel abstracto, en la raíz íntima del cultivo; mientras que la agricultura convencional intensiva, actuaría en el plano de lo concreto, sin profundizar en los problemas e intentando resolverlos cuando aparecen mediante el uso de químicos o prácticas culturales agresivas.